Aventura en moto de nieve en el Glaciar Vatnajökull

ISLANDIA

Apenas había transcurrido un año y en épocas diferentes — verano e invierno— viajé a Islandia y en ambas ocasiones había disfrutado de su naturaleza indómita, imprevisible y única. Islandia, me sedujo por su idiosincrasia, una isla única que sorprende a cualquier viajero. Su riqueza patrimonial era la Naturaleza, radicada en todos los lugares y rincones, sin excepción, todos eran merecedores para ser visitados, cada uno de ellos me resultaba más espectacular que el anterior. Por lo que deduje, lo más razonable era conocer la isla por los cuatro puntos cardinales.

Era 13 de julio 2.017 y la sexta jornada de viaje circundando la isla. Alojamiento en el Hotel Jökull,  situado a las afueras de Höfn.

En el pequeño grupo (nueve personas) con el que inicié mi primer viaje a Islandia, Ingrid, nuestra guía islandesa nos hizo la propuesta para hacer  una de las excursiones “estrella del viaje”: un paseo en moto de nieve en el Glaciar  Vatnajökull.

Sólo la idea de recorrer un mundo de hielo en el gran glaciar, con un sol radiante y en las alturas una temperatura sobre los  -3º  en pleno mes de julio, me pareció una auténtica aventura. El precio 26.000 ISK (Coronas islandesas) unos 200 Euros. Solamente tres mujeres, atrevidas y osadas, dimos el paso.

A las 14.00 horas p.m. un todoterreno 4×4 nos recogió en el Hotel para llevarnos hacia el campamento base, una especie de albergue de alta montaña.  Durante el trayecto de ascenso, era un verdadero disfrute contemplar las impresionantes vistas de los conos volcánicos, los campos de lava, las paredes rocosas y los lagos del entorno.

Según nos contó el guía que conducía, en todos los glaciares existentes en la isla, incluido el Vatnajökull, se había producido un retroceso debido al calentamiento global. Además por la reciente actividad volcánica en esta área, ya que este glaciar se encuentra situado sobre una cadena de volcanes con sistemáticas erupciones. Durante los días de viaje, ya me había percatado que la concienciación de los islandeses sobre el medio ambiente era un asunto que estaba muy arraigado en este lugar del planeta.

Casi rozando el cielo, se divisó el edifico de madera. Lo primero que se captaba a la llegada, como bienvenida a los atrevidos aventureros, las motos de nieve aparcadas. Un solo pensamiento invadía mi mente: la emoción de conducir una moto de nieve en el glaciar más grande de Islandia, el Vatnajökull.

Una vez en el campamento base, un Monitor se hizo cargo del grupo. Nos informó sobre el lugar y las características del recorrido, además, el comportamiento a seguir para no poner en riesgo nuestra seguridad. Solamente se exigía cumplimentar un formulario para que asumiera personalmente la responsabilidad. Seguidamente, como un ritual, nos proporcionaron el equipamiento adecuado para este tipo de excursión, incluido en el precio: un mono térmico, un gorro de lana, guantes, botas y casco. Después, sobre el terreno una lección sobre cómo manejar las motos de nieve – ya que en este tour no requería experiencia previa —La velocidad, importante a tener en cuenta, no sobrepasar 20 Km/hora y en fila india. Tuve la suerte de quedar la última, por lo que disfruté aún más la aventura.

El grupo ya estaba preparado para explorar el paisaje invernal. La inmensa planicie de inmaculada blancura que podía abarcar mis retinas y el aire helado, me dejaron sin aliento. El runrún acelerado de las motos rompió el silencio y una a una se fue integrando a la fila. Y yo, la última. Una excelente perspectiva de lo que parecía una larga serpiente rojinegra que se deslizaba por la llanura de nieve. La emoción embotaba mis sentidos y en unos instantes se convirtió en una sensación placentera.

Cada parte del glaciar recorrido me parecía que estaba lleno de misterio. Me sentía fascinada por el gélido paisaje y la adrenalina corría a raudales por mis venas. Durante el trazado por el glaciar Vatnajökull, imaginé que entraba en otra dimensión, en otro mundo donde reinaba el silencio, donde parecía que el mundo pedía una tregua para el sosiego. Tan solo escuchaba el crujido del hielo bajo el peso de los esquíes de la moto, sus huellas paralelas dejaban surcos en la extensa planicie del glaciar.

Recordé que había algo en común en todo cuanto me rodeaba: en la mayoría de los lugares que había recorrido de Islandia, coincidía con la ausencia de ruidos, sólo predominaba el silencio. Imaginé que su reinado comenzó justo en el momento que la tierra dejaba de rugir por los estremecimientos provocados por los volcanes del entorno. Una ráfaga de viento polar interrumpió mis pensamientos.

A medio camino, se hizo un alto para descansar y aliviar un poco la tensión acumulada. Minutos que se aprovecharon para intercambiar impresiones sobre la experiencia, hacer fotografias, además de juguetear con la nieve como niños traviesos. Tras este lapsus, emprendíamos el regreso.

A lo lejos, divisé el albergue del campamento base después de unas 2 horas.

Una vez despojada de la indumentaria, acudí al pequeño bar donde esperaba el resto del grupo. Una ronda para brindar por la aventura, por supuesto con una cerveza Vatnajökull, producida con el agua del propio glaciar y mejor aún saborearla en este lugar. En el exterior, un vehículo 4×4 esperaba al grupo para regresar al hotel.

Sin duda, fue una de las experiencias más impresionantes que había realizado hasta entonces. No sólo por la indudable belleza del entorno, sino por la magnífica sensación de libertad que generaba el estar allí en ese momento, en el gran Glaciar Vatnajökull.

Unos datos curiosos.

“El Parque Nacional de Vatnajökull (establecido el 7 de Junio de 2.008) está formado en realidad por tres parques o zonas distintas. Por una parte el propio Glaciar, pero también por el Parque Nacional Jökulságljúfur y por el Parque Nacional Skaftafell. En su conjunto ocupan alrededor de unos 12.000 Kilómetros cuadrados, aproximadamente un 12% de Islandia, por lo que le convierte en el parque natural más grande de Europa.

El Glaciar Vatnajökull es el epicentro de este parque natural, situado en el sureste de Islandia y ocupa unos 8.190 kilómetros cuadrados, un 8% de la superficie total de Islandia.

Es el mayor glaciar de Europa en volumen (más de 3.000 km3.) y el segundo más grande tras el Austfonna, en el archipiélago de las Svalbard, Noruega. No obstante, lo más llamativo: esta masa de hielo puede llegar a los 400 metros (media) a 900 metros (máxima) de grosor.”

En post anteriores refiero otros lugares de Islandia:

7-6-2.017 “Islandia, tierra de hielo, cataratas y naturaleza indómita”

14-7-2.018 “El insólito Museo de Penes, Reykjavik”

25-9-2.018 “Hacer snorkel en la falla de Silfra”.

La Montaña Sagrada de Nepal: Machapuchare

Desde Katmandú, he llegado a media tarde a Pokkara (alrededor de 210 Km.) Aunque en este país las distancias no se miden por kilómetros, si no en el tiempo invertido en el desplazamiento: 10 horas.

La tarde es clara y las cimas del Annapurna Sur y del Machapuchare, dos de sus picos más emblemáticos, se reflejan en el lago sagrado Phewa, que se extiende a los pies de esta ciudad. Cuando contemplo los agudos picos nevados de las montañas más altas de nuestro planeta me estremezco ante tanta grandiosidad. Para mí hay algo de sublime en los Himalayas (*).

Creo que para una mayoría de viajeros que decidimos visitar Nepal radica en la atractiva y misteriosa naturaleza que rodea a este país, disfrutar de las mejores vistas que existen de los espectaculares picos Himalayas y las legendarias y enigmáticas leyendas que siempre han existido sobre este lejano lugar.

Concretamente me centraré en una de las montañas: El Machhaphuchhare o Machapuchare, es un pico de la cadena de los Himalayas, situado en el macizo del Annapurna, con una altura de 6.993 metros. Cuenta con una doble cumbre que se asemeja a la cola de un pez, que es lo que significa en nepalí la palabra  Machhaphuchhare.  Está situado  al final de una larga cresta, próxima al sur de la principal columna vertebral de los Annapurna Himal, que forma la frontera oriental del Santuario de Annapurna, en Nepal. El pico está situado aproximadamente a unos 25 Km. al Norte de Pokkara, la ciudad más grande de la región. Debido a su posición  y esto combinado con un perfil empinado, hacen de este pico especialmente llamativo, a pesar de tener menor altitud que algunos de sus vecinos.

Sabemos que existen lugares que iluminan y cambian la vida de comunidades enteras a partir de la experiencia mística. Y la montaña Machapuchare es una de ellas, probablemente una de las cimas más misteriosas y deseadas del mundo.

Constituye uno de los iconos de la  ciudad de Pokhara, pero no por alto  o por peligroso, sino por sagrado. Esta montaña es tan especial, que todos los que viven a su alrededor la veneran como a la más poderosa de las deidades. Los campesinos locales se refieren al pico Mahapuchare como la residencia de los dioses hindúes Shiva y Vishnu; también de una deidad local llamada Pujinim Barahar y de la budista Tara. El buda de la Luz o Amitabha, también tiene su morada aquí.

El pueblo de los Gurung, también llamados Tamu es una etnia que emigró de Mongolia en el siglo VI d.C. a la región central de Nepal. Es uno de los grupos étnicos  que  muestran reverencias a esta montaña sagrada.

El primer y único intento de escalada lo realizó en 1.957 un equipo de alpinistas británico, liderado por Jimmy Roberts, subieron a 150 metros de la cumbre a través de la cresta norte, pero no lograron completar la ascensión; habían prometido no poner pie en la cumbre. Desde entonces, el Gobierno de Nepal preserva sabiamente su divina e intocable belleza y prohibió su escalada. Aunque, alguna vez hubo una excepción.

Durante la tarde visito algunos sitios importantes de Pokkara (describiré en capítulo aparte) acompañada de la guía que he contratado para este periplo por Nepal, Aman Shoestna, de etnia newar  Mi estancia aquí será de tres días, con la intención de conocer sus alrededores.

Para poder contemplar aún con más esplendor la cadena de los Himalayas, Aman me ha propuesto madrugar: salir a las 3.00 horas a.m. para desplazarnos hasta Sarangkot, una pequeña localidad en la zona de Gandaki, cerca de Pokhara. El pueblo está localizado en la ladera de una cresta montañosa a una altitud de 1.600 metros. Me anuncia que el frío será intenso.

Llegamos al punto elegido, un sencillo “restaurante” con una gran terraza justo frente a la cordillera. A más de uno se le ocurrió la misma idea, porque no hay un hueco libre. Intento acomodarme en primera fila. Sobre las 5.00 horas a.m. el Sol empieza a salir y sus rayos anaranjados y dorados comienza poco a poco a extenderse sobre las cimas de los ochomiles. Escucho susurros de admiración, y yo no soy menos en exclamar una y otra vez ¡Ooooh! Sólo tengo ojos para lo que tengo delante de mí.

Mi vista abarca todo lo que puede retener mis retinas. Aman, mi guía va nombrando e indicándome con el dedo los nombres de los picos: desde el más lejano el Dhaulagiri hasta el macizo del Manaslu. Y justo en medio, el conjunto de los Annapurnas Sur y el Machapuchare  —cola de pez —  que no sé por qué me fascina de tal manera que mis ojos no se apartan de aquella enorme montaña. La cordillera va tornándose rojiza y a medida que el Sol se levanta, se crean sombras entre los flancos de los picos, como fantasmas de la noche que huyen. Todo me parece un sueño del que no quiero despertar. Una verdadera maravilla que la Naturaleza nos ofrece. Apenas unas nubes teñidas de rojo se cruzan por encima. Tan sólo se aprecian los penachos de nieve en las crestas de las cimas, ahí donde el viento crea cabelleras blancas a las altas montañas.

Una vez que ha amanecido, se desaloja la terraza y los ocupantes se desperdigan por los alrededores. Mientras, a Aman y a mí nos sirven una taza de té caliente y unos esponjosos bollos fritos glaseados con azúcar.

He tenido la oportunidad de contemplar un espectáculo sobrecogedor. Espero que esa montaña sagrada, Machapuchare, no se convierta en una obsesión.

 

(*)Su nombre procede del sánscrito Himā-laya, que significa “morada de nieve”; es una palabra compuesta por himá, que significa “nieve”, “invierno” o “helado”; y ā-laya, “morada”.

Presentación de mi último libro “Cuando la piel estalla”

El pasado lunes día 26 de Noviembre de 2.018 hice la presentación de mi cuarto libro  titulado “Cuando la piel estalla”, que estuvo a cargo de Diana P. Morales, Licenciada en Filología Inglesa, escritora y poeta. Siempre le agradeceré su interés y ayuda en la organización para que este acto se llevara a cabo.

El evento se celebró en el salón de “Depikofino”, un conocido restaurante de Sevilla, al final del acto se ofreció un aperitivo al numeroso grupo de asistentes.

Este nuevo libro contiene quince historias en las que se descubre el contradictorio mundo de las relaciones humanas, siempre desde los ojos de una mujer.

Algunos personajes viven en países desolados por la crueldad y la venganza de las guerras y de los refugiados que huyen. Otros se engarzan en juegos prohibidos en un lugar considerado sagrado. También dos mujeres amantes traicionadas por otro amor. O los celos enfermizos de un marido.

Otras historias retratan a protagonistas femeninas que desafían su situación doméstica y familiar a varios niveles. Mujeres inquietantes que se retuercen entre el silencio, el asombro y el dolor, en un entorno a veces brutal pero que constituye la realidad en la que viven.

Sus historias rompen el silencio y se centran en lo que permanece oculto o deliberadamente ignorado – con la esperanza de cambios mejores.

Mi sincero agradecimiento a todas mis amigas y amigos, por su fidelidad  y de manera especial a mi hija y nieta.

Esta obra ha sido autopublicada.

 

Fotos: Lola Ramirez

25 Noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

La Asamblea General de la ONU estableció en 1999 que cada 25 de noviembre se celebraría el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”. Este Organismo define como una de las más devastadoras violaciones de los Derechos Humanos, ya que se trata de un tipo de violencia de las más extendidas y persistentes en el mundo.

Como recordatorio, transcribo los dos primeros artículos aprobados en la mencionada Asamblea, porque las mujeres no debemos olvidar los derechos que nos protegen en tales casos, y acudir sin miedo a denunciar los hechos de malos tratos, así como  recabar en las instituciones pertinentes los derechos que nos asisten y su deber de asistirnos con su protección contra el maltratador.

En el Artículo Primero expresa la definición más utilizada de violencia:

A los efectos de la presente Declaración, por “violencia contra la mujer” se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la privada.

Y en el Artículo Segundo, se entiende que la violencia contra la mujer abarca los siguientes actos:

-La violencia física, sexual y psicológica que se produzca en la familia, incluidos los malos tratos, el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violencia relacionada con la dote, la violación por el marido, la mutilación genital femenina y otras prácticas tradicionales nocivas para la mujer, los actos de violencia perpetrados por otros miembros de la familia y la violencia relacionada con la explotación.

-La violencia física, sexual y psicológica perpetrada dentro de la comunidad en general, inclusive la violación, el abuso sexual, el acoso y la intimidación sexuales en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros lugares, la trata de mujeres y la prostitución forzada.

-La violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra.

El 70% de las mujeres de todo el mundo sufre algún tipo de violencia a lo largo de su vida. En lo que va de año, en España son 44 el número de víctimas que se ha cobrado la violencia machista, más 4 menores, y de todas ellas sólo 12 habían denunciado a sus agresores; uno de los grandes problemas para combatirla.

                                                ¡MUJER, NO TENGAS MIEDO Y DENUNCIA ¡

 

 

 

 

 

  

 

Leyendas y enigmas sobre las sirenas

Las sirenas han sido personajes famosos de la mitología griega, aunque se cuenta que son muchos los que dicen haber visto una. También es cierto que quienes confirman dicha contemplación, en su mayoría son marineros [… estos seres tienen apariencia femenina, que son mitad jóvenes mujeres y mitad peces, que saltan como los delfines y que realizan varias acrobacias antes de desaparecer…]  Las primeras leyendas sobre las sirenas se remontan a la época de los asirios y los babilonios que, sobre el año 1.000 a.C., adoraban a las divinidades del sol y de la luna. La diosa-luna Atargatis, madre de la reina asiria Semíramis, mitad mujer y mitad pez puede considerarse la primera sirena de la que se tiene noticia.

En cambio, en la antigua Grecia  las presentaban como criaturas marinas que atraían a los marineros con sus cantos para hacer que naufragasen sobre los escollos, y que después los secuestraban para devorarlos. Sin embargo, la literatura les confirió un lugar especial con la obra de Homero “La Odisea. Solo Ulises demostró ser más astuto que ellas al ordenar a sus hombres que se tapasen los oídos con cera y a él que lo atasen al palo mayor de la nave para librarse de sus encantamientos. Así pues, en aquel tiempo las sirenas eran monstruos y, al igual que sus equivalentes masculinos, los tritones tenían la capacidad de provocar tempestades marinas.

Según una leyenda griega, la hermanastra de Alejandro Magno, Tesalónica, al morir se transformó en una sirena. Vivía en el mar Egeo y, cada vez que veía un barco agitaba el mar. Entonces salía del agua y preguntaba a los marineros ¿Está vivo Alejandro? La respuesta correcta era: “Vive, reina y conquista mundo”. Al oírla, Tesalónica calmaba las aguas y deseaba a los marineros un buen viaje. Cualquier otra respuesta la enfurecía y desencadenaba una terrible tempestad.

Con la llegada del cristianismo, también la leyenda de las sirenas se adaptó a las exigencias de los nuevos tiempos. Así nació la versión de la sirena que anhelaba tener un alma pero que para conseguirla, se veía obligada a prometer que viviría en la tierra y que renunciaría para siempre al mar. Aquella promesa, imposible de mantener, condenaba a la sirena a una lucha eterna y desgarradora consigo misma.

Una historia del siglo VI d.C. cuenta que existía una hermosa sirena que cada día se encontraba con un monje de Iona, una pequeña isla escocesa. Rezaba con él para que Dios le diese un alma inmortal y la fuerza que necesitaba para abandonar las aguas. Pese a la sinceridad de su deseo y al hecho de que al final se enamorase del monje, la sirena fue incapaz de renunciar al mar. Las lágrimas que derramó al abandonar para siempre la isla se transformaron en guijarros. Hoy todavía se pueden ver piedras verdes en la costa de Iona, se les conoce como “lágrimas de sirena”.

En los mares del norte las leyendas sobre las sirenas se confundían a menudo con los relatos sobre avistamientos de focas. Algunos, en cambio, consideraban que se trataba de las almas de personas que se habían ahogado, mientras que otros sostenían que eran mujeres víctimas de encantamientos. Focas y sirenas tenían varias características en común: que tanto unas como otras poseían el don de la profecía.

Hoy día ya nadie cree en las sirenas. No obstante, y pese a que estas criaturas hayan perdido su valor simbólico, es decir,  que hayan dejado de recordarnos el peligro de la tentación, sin duda alguna la leyenda de estas “señoras del mar” sigue formando parte de las fantasías de nuestra cultura, al igual que los unicornios, los dragones y las hadas.

 

La misteriosa isla de Kekova y la ciudad de Kaleköy

Costa Licia -Turquía

Puedo decir que el país turco me hechizó la primera vez que fui, ahora  soy una ferviente enamorada que siempre tengo anhelos por volver,  creo que han sido cinco o seis veces las que he recorrido Turquía. En uno de mis viajes elegí nuevamente visitar la provincia de Antalya que se ubica en el Suroeste del país. Concretamente, mi interés se centraba en conocer la Costa Licia.

Tuve la oportunidad de integrarme con un grupo de turistas para hacer una excursión en una embarcación tradicional de madera típicamente turca, cuyo destino era conocer una parte de este lugar, en el Mediterráneo.

Desde el pequeño puerto de Üçagiz (antiguo Teimioussa) un pueblo pintoresco de pescadores y agricultores, un entorno idílico de casas de maderas situadas en una bahía entre islas y penínsulas. Este lugar era el punto de partida para visitar la isla de Kekova Adasi (Dolichiste en licio antiguo) y el asentamiento aislado de Kaleköy (Simena en griego antiguo)

El día era magnífico, muy a propósito para tal fin. Durante la travesía pude contemplar decenas de pequeños islotes deshabitados, pero que albergaban restos arqueológicos de antiguas poblaciones licias de unos 3.000 años de antigüedad.

Tras el anuncio por megafonía del avistamiento de la isla de Kekova  comprendí lo que hacía este sitio tan especial. Un regalo maravilloso de la naturaleza que el azar se había encargado de obsequiarme, así, sin esperarlo. Uno de los más hermosos lugares que se podían encontrar en la costa licia de Turquía: la isla de Kekova Adasi, con una superficie de 4,5 Km y actualmente estaba deshabitada.

Situada cerca de la ciudad licia de Myra, en la provincia de Antalya, y frente al pueblo de Kaleköy. Según cuenta la historia reciente, la posesión de este trozo de tierra fue objeto de disputas entre Italia y Turquía, tras el Convenio de 1.932 se le asignó a Turquía.

El 18 de Enero de 1.990 fue declarada como Zona Protegida por el Ministerio de Medio Ambiente y Bosques de Turquía, y en el año 2.000 presentó la solicitud a la Unesco para su conservación como Patrimonio de la Humanidad. Actualmente se encuentra en la lista provisional de este organismo.

-Kakova Adasi (Dolchiste antigua Licia) En el lado Norte de esta pequeña isla turca se encontraba la antigua urbe fundada por los licios  alrededor del siglo V a.C.

Llegó a considerarse un importante centro comercial. Su gran puerto era un punto seguro solicitado por los navegantes de la época que buscaban su refugio durante las  tempestades en el Mediterráneo. Dada la situación de esta isla en estas costas, como consecuencia de los terremotos producidos en el siglo II d.C. que provocaron el levantamiento de los Montes Tauro, parte de la antigua ciudad licia quedó sumergida en las aguas.

Según los investigadores, los registros históricos sobre este lugar eran difíciles de verificar, aunque se suponía que Kekova fue más prominente en las épocas licia y bizantina

Los enormes trozos de las construcciones derrumbadas comenzaban en la montaña, restos de murallas colgadas de las faldas de la isla y se agolpaban en la orilla o sumergidas en las aguas del mar Mediterráneo, creo que hasta una profundidad de unos15 metros. Gracias a que la embarcación se le permite  surcar las aguas y navegar más lento, podía acercarse a las orillas hasta la distancia permitida. Asomada en la borda podía contemplar una buena vista de las ruinas tanto de la superficie como por debajo de la línea de flotación.

A través de las cristalinas aguas se dejaban ver los restos de columnas, de edificios y  escaleras de piedra que desde la orilla se introducían en las profundidades. El muelle antiguo estaba parcialmente sumergido en el mar.

Dado el tiempo transcurrido y a las corrientes marinas la mayoría de los edificios históricos estaban casi cubiertos por la arena del mar.

Quedé bastante impresionada ante la desolación que presentaba esta ciudad ruinosa,  sobre todo, la apocalíptica visión de los restos sumergidos en las aguas. Además, que no pudiera caminar por la antigua ciudad se me hacía más difícil imaginar su estado anterior. Aunque se distinguía entre las malezas de la montaña algunos muros de los edificios, tal vez eran casas y escaleras de piedra que aparecían fuera de su lugar de asentamiento.

En la actualidad se podía ver las ruinas de una ciudad antes floreciente en un paisaje misterioso y evocador como testigo de su historia.

El barco cambió el rumbo hacia el lado opuesto de la bahía para desembarcar en el puerto de Kaleköy, en la antigüedad se llamó Simena. Para acceder a este lugar sólo era a través del mar o caminar desde el cercano pueblo de Úçagiz. No existían infraestructuras para la circulación de vehículos.

La panorámica desde el mar era de gran belleza. Era uno de esos lugares que había visto en algunos documentales de la tele y despertó mi interés por visitar alguna vez. Y así fue.

La ladera sobre la que se reconstruyó Kaleköy era muy empinada. El pueblo era pequeño y pensé que su recorrido se hacía en poco tiempo. Así que me dediqué a ello antes de la hora del almuerzo en uno de los restaurantes, situados en el pequeño puerto.

Las típicas casas se mezclaban con las viejas estructuras medievales que se aferraban a la pared de la montaña. Decidí deambular por las estrechas callejuelas. La parte superior de la aldea estaba dominada por un castillo medieval construido por los Caballeros de Rodas sobre las ruinas de edificios licios. En la andadura topé con la indicación de la subida al Castillo. Un camino estrecho y polvoriento terminaba en la fortaleza. Una espléndida vista se extendía ante mis ojos. Sentía esa sensación de alegría que se apoderaba de mí cuando encontraba algún pequeño rincón de este mundo y me ofrecía el disfrute de tanta belleza. Un lugar tranquilo, sin dudarlo, me senté en una enorme piedra y comencé a dar rienda suelta a mi imaginación.

Como curiosidad, descubrí en el interior de este castillo las gradas excavadas en la roca de lo que fue un teatro. Según me informé después, fue el teatro más pequeño de la antigua Licia.

Descendí por el mismo camino y me dirigí al extremo oriental del pueblo. Un gran número de tumbas licias componían una necrópolis. Algunos sarcófagos se encontraban desubicados en tierra bajo centenarios olivos, otros en la misma orilla del mar y algunos emergían de las aguas. La visión era impresionante, difícilmente podré olvidar estos dos lugares Kekova y Kaleköy, que aún guardaban parte de su historia por descubrir.

Irremediablemente el tiempo pasó y volví al punto de encuentro, el restaurante para saborear un suculento almuerzo de la cocina turca: el “piyaz” y la “shakshuka”.

Este viaje por la costa licia me permitió descubrir rincones espectaculares que ni siquiera imaginaba existieran en el Mar Mediterráneo. Mis deseos fueron cumplidos.

 

 

Las ciudades subterráneas de Derinkuyu y Kaymakli

 

Capadocia-Turquía

La superficie de Capadocia, en Turquía es de una belleza única, pero su subsuelo también guarda grandes sorpresas: se han descubierto hasta 36 ciudades subterráneas. Las  más conocidas son la de Derinkuyu la más profunda de todas, mientras que la de  Kaymakli es la más extensa. Estas estructuras al día de hoy están muy bien conservadas, sobre todo si tenemos en cuenta que sus orígenes se remontan actualmente a más de 5.000 años, probablemente a los períodos hitita y frigio, en el 3.000 a.C. Aunque existen controversias.

Están situadas en el distrito de la provincia de Nevsehir, en Anatolia Central (Turquía). Forman parte del conjunto Parque Nacional de Göreme y Sitios Rupestres de Capadocia nombrados por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad en el año 1.985.

Siempre tuve deseos y curiosidad por visitar alguno de estos mundos del subsuelo, de túneles laberínticos excavados en el terreno volcánico y que sirvieron de escondite a ciudades enteras hace más de 5.000 años. En diferentes viajes que realicé a Turquía, visité estas dos ciudades. Derinkuyu fue descubierta en el año 1.965.

Desmenuzando un poco la complicada historia, salvo error u omisión. Según los eruditos teorizan que los hititas dominaron el territorio de Anatolia en el  1.600 a.C. hasta el 1.200 a.C.  y construyeron la ciudad subterránea de Derinkuyu. Otros expertos teorizan que fueron los frigios  entre 1.200 a.C. y 800 a.C. Más tarde, los persas, macedonios, griegos, armenios, sirios y otros invasores tuvieron presencia en esta región de Capadocia, posiblemente ampliaron ésta estructura. La primera mención conocida en la escritura sobre ciudades subterráneas en Capadocia proviene de un historiador y militar griego llamado Jenofonte, finales del siglo V a.C. que viajó por todo este territorio. En su obra “Anabasis”, dice:

[…Las casas aquí eran subterráneas, con una boca como la de un pozo, pero amplias abajo… y mientras que las entradas se redujeron para las bestias de carga, los habitantes humanos descendieron por una escalera… En las casas había cabras, ovejas, vacas, aves y sus crías… y todos los animales fueron criados y tomaron su forraje allí en las casas…]

Existen varias teorías sobre por qué hay tantas ciudades subterráneas en la región de Capadocia. Una de ellas, la más probable, las continuas guerras y asedios de invasores hizo que los habitantes de esta zona por razones de seguridad construyeran estos refugios secretos- dado el terreno volcánico- alrededor de sus casas.

—Primeramente haré referencia a la estructura de Derinkuyu. Está situada a 40 Km. de Göreme. Según mis anotaciones tomadas del lugar, según las explicaciones del guía.

Las excavaciones están realizadas en terreno de toba volcánica y roca blanda, se supone que el procedimiento más adecuado sería: en primer lugar excavar todos los pozos de ventilación, aproximadamente a una profundidad de 75-85 metros hasta encontrar una capa freática y algún río subterráneo. Después de alcanzar el agua en el subsuelo, cavarían lateralmente las oquedades o habitáculos y posteriormente sacar los escombros al exterior con ayuda de poleas a través de los pozos de ventilación. En total más de cincuenta pozos y miles de conductos más pequeños para distribuir el aire en todo el gigantesco recinto. También existen huecos o extractores naturales que funcionarían para la extracción del humo de las estancias dedicadas a las cocinas que serían compartidas por las familias. Un signo inequívoco, el hollín que aún persiste impregnado en las paredes rocosas.

Referente a la iluminación, posiblemente sería con lámparas de aceite de lino colocadas en pequeñas oquedades labradas en las paredes. Distribuidos por varios niveles existen tanques para almacenamiento de agua y molinos para triturar, todos tallados en la roca.

Esta estructura consta de 20 niveles, sólo 8 son accesibles al público. En esta ciudad subterránea podrían alojarse unas 12.000 personas. Entre los diferentes niveles visitables se encuentran dormitorios, cocinas, prensas de aceite y vino, de cereales, áreas de almacenamiento de armas, de alimentos, saneamiento, establos de animales domésticos, estancias de mayor tamaño para uso comunitario y tumbas excavadas en la roca para los fallecimientos que se produjeran durante la permanencia.

En uno de los niveles más superiores, una pequeña iglesia de planta cruciforme de 20 por 9 metros, con un techo de más de tres metros de altura. Posiblemente excavada por los habitantes cristianos que poblaron estos lugares y sufrían persecuciones.

Una curiosidad más entre las muchas que me sorprenden. Algunos arqueólogos suponen que el pasillo existente de unos 8 kilómetros de largo conecta Derinkuyu con otra increíble ciudad subterránea la de Kaymakli. Esto sugiere que hubo un cierto grado de cooperación entre los diversos habitantes de la región de Capadocia

Mientras recorro estas galerías, todo me parece un gran hormiguero: pasajes y angostos e inclinados corredores que unen estancias más o menos grandes, profundos pozos de ventilación, escalones excavados en la roca y pequeñas hornacinas en las paredes. Muchas veces  bajo o subo estrechas escaleras, o traspaso huecos de un lado a otro completamente agachada.  La red de ventilación es perfecta y la temperatura no excede de los 10º-12º. Por supuesto, un recorrido nada recomendable para las personas que sufran de claustrofobia. Durante esta visita algunas personas no logran superar este mal y desisten nada más que traspasar los primeros habitáculos.

Dada mi curiosidad que no pasa desapercibida para el guía, en el Nivel 7 me invita que compruebe como circula el aire fresco y se distribuye por las estancias. Efecto que percibo cerca de uno de los pozos de ventilación. A pesar del tiempo que ha transcurrido, el sistema creado de manera rudimentaria funciona perfectamente… y además sin electricidad.

—La ciudad subterránea de Kaymakli, al igual que la anterior de Derinkuyu,  se encuentra en la misma provincia de Nevsehir, a unos 20 Km. de esta ciudad. Fue descubierta en el año 1.964 y también pertenece al mismo conjunto declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad en 1.985

Está ubicada bajo la colina conocida como la Ciudadela de Kaymakli, posiblemente construida en la época hitita. Se trata de una estructura con menos profundidad pero la más extensa de las ciudades descubiertas. El terreno y el sistema de excavación son iguales que el descrito en la ciudad de Derinkuyo, por lo que describiré los niveles que son visitables. Cuenta con una sola entrada y cuando traspaso el umbral y bajo la escalera ampliada para el acceso, me percato del recorrido anunciado por el guía, además de su advertencia para los claustrofóbicos.

Consta de 8 niveles subterráneos y sólo parte de los 4 primeros — situados cerca de los pozos de ventilación— son los accesibles al público, el resto están acotados por los investigadores o sufren derrumbes.

Se han contado 64 estancias y todos los niveles son irregulares en altura y en habitáculos: pasajes, galerías y túneles estrechos y enrevesados. En los dos primeros niveles se encuentran los establos, almacenes, cocinas y estancias de mayor superficie para usos comunitarios. De cada estancia salen varias conexiones, incluso hay oquedades en el suelo que permiten ver el nivel inferior.

En el recorrido trato de imaginar la vida cotidiana que tendrían los refugiados, sobre todo los niños, durante el tiempo que durase la invasión y la incertidumbre ante la amenaza de que descubrieran el recinto. Este pensamiento me hace reflexionar.

Me resulta chocante la ausencia de objetos y restos de enseres utilizados en las diferentes épocas de ocupación, tal vez, se deba a las estancias temporales de los habitantes debido a las guerras e invasiones. En este caso, mi pregunta al guía sobre este particular quedó perdida en el silencio de este recinto.

Los estrechos y sinuosos pasadizos dan paso a un escenario un tanto misterioso, menos mal que gracias a la iluminación actual se puede caminar por estos pasajes. Observo que hay paredes cavadas como hornacinas, tal vez, para almacenar vasijas, enseres, herramientas y alimentos.

Los Niveles 3 y 4 son más interesantes, además de los lugares de almacenamiento y bodegas se ha encontrado una pieza circular de andesita. Esta roca volcánica era parte del subsuelo que se dejó cuando se procedía a la excavación. Según las últimas investigaciones se ha demostrado que esta piedra fue utilizada como un crisol de cobre por los 57 hoyos tallados en la superficie, presumiblemente de una mina de cobre en la cercana localidad de Aksaray. En la planta 4 se aprecia uno de los pozos de ventilación cuya profundidad se calcula en unos 80 metros.

Finalizado el recorrido mi estado de fascinación es alto y la subida de adrenalina también. He conocido un submundo creado por supervivientes hace miles de años y siento admiración en todo lo creado por el ser humano hasta conseguir lo que somos ahora en el siglo XXI.
Esta inmersión en una parte de la historia de la Anatolia Central creo que aumentó aún mi curiosidad, mi interés por conocer más sobre las civilizaciones que ocuparon esta parte de nuestro planeta.

Continúan las precisiones y más interrogantes sobre los por qué…

Capadocia es una región que me cautiva: sus paisajes, sus amaneceres, sus colores o la historia de la que hablan sus valles, tiene algo que la convierte en un lugar único, mágico que es imposible olvidar. Estoy segura que volveré y será la tercera vez, con la misma ilusión que la primera.

 

Hacer “Snorkel” en la falla de Silfra- Islandia

Parque Nacional Thingvellir

En el viaje a Islandia del pasado mes de Febrero de 2.018 junto a mi amiga Diana, nos aguardaría la sorpresa de una de las experiencias más extraordinaria que viviríamos en toda nuestra vida: hacer snorkel en la gran falla de Silfra y además rodeada de nieve. Cuando nos informamos de la posibilidad, nos quedamos sorprendidas. Sólo pensar en la idea ya nos parece algo surrealista y eso nos anima aún más. ¡Para todo hay una primera vez!

El Parque Nacional de Thingvellir de unos 237 m2  de superficie es uno de los lugares más importantes del suroeste de Islandia, a unos de 45 km. de Reikiavik. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2.004 y Parque Nacional de Islandia en 1.928  tanto por su importancia cultural e histórica como por su singular naturaleza y geológica. En parte, le rodea el lago de origen volcánico más grande de Islandia, el Thingvallavant, con una superficie de 84 m2.  También es un sitio histórico. En  la parte oeste del Parque, se encuentra  el Lögberg, la roca de la ley, donde se reunió por primera vez  el Parlamento islandés. En ese mismo lugar se declaró a independencia de la isla en 1944.

El Parque está ubicado justo en la cresta de la Cordillera del Atlántico Medio, Thingvellir es uno de los únicos lugares en la Tierra donde es posible observar como las placas tectónicas de Eurasia y América del Norte divergen lentamente. La deriva continental creo fisuras que ahora están sumergidas, como Silfra y la cercana Daviosgjá.

La falla de Silfra en una de las simas provocadas por toda la actividad telúrica de la zona. Situada al borde del lago Thingvallavatn, la formación fue inundada con el paso del tiempo y se amplió hasta llegara al tamaño actual. El agua proviene del glaciar Langjökull que, situado a unos 50 km al norte, alimenta el lago y la falla. Sin embargo, la calidad prístina del agua de la falla se debe en parte a que el agua del glaciar sólo llega a Silfra tras decenas de años de viaje subterráneo. Una erupción del volcán Skjaldbreidur detuvo el curso normal del río con una barrera de lava porosa. Se calcula que las aguas necesitan entre treinta y cien años para llegar hasta la falla de Silfra.

Todo esto explica la transparencia y la extremada calidad de un agua potable, tal vez la más pura que existe.

Como la falla de Silfra está exactamente en el punto crucial entre las dos placas tectónicas, (cada año se separan unos 2 cm.) es el lugar exacto para hacer buceo y snorkel.

El día invernal que hemos elegido se presenta a veces nublado y ventoso, otras nos llegan débiles rayos de sol. Aquí en Islandia hay que tener en cuenta y, sobre todo muy presente, que la meteorología es cómo hacer una quiniela: difícilmente acertarás algún resultado. Y llega la hora de la verdad. A las 12.00 h. de mediodía nos recogen en el punto de encuentro. Una chica brasilera nos acompañará también en la aventura. Durante el recorrido, una hora aproximadamente en coche (45 Km), la joven instructora nos proporciona información básica sobre la geología de la fisura de Silfra y  del entorno del Parque.

El vehículo aparca en un área nevada cerca de la falla de Silfra, donde está ubicado el centro de buceo. Varios grupos de guías instruyen a otros buceadores y snorkelings que se preparan para la aventura. Nuestra instructora es islandesa, muy simpática y amable nos dan las instrucciones para cambiar de ropa y enfundarnos en el traje seco  de neopreno (*) que nos  entrega. Nuestras pertenencias deben quedarse en el interior del coche. Debemos cumplir todo un ritual a la intemperie a unos -9ºC, más el viento polar que nos hace padecer una fría sensación térmica de unos -13ºC. Pero es lo que hay.

Con aquellos extraños trajes negros, de grueso neopreno, casi congelados, ni Diana ni yo sabemos por dónde empezar. Después de recapacitar unos minutos, lo primero es desprendernos de parte de la ropa que llevamos puesta y de las botas, excepto  la ropa interior térmica y los calcetines de lana.  El frío es intenso. Vestimos encima un “mono” de tejido polar, llamado “rata”. Y después el traje de neopreno. Resulta bastante difícil enfundarlo sola pero enseguida nos ayudan. Después, manguitos de latex en cuello y puños para impedir el paso del agua. En la cabeza una capucha y para las manos  guantes de neopreno. También nos entregan una máscara de buceo, un tubo y aletas. Así terminamos esta metamorfosis  con el visto bueno de nuestra guía.

En un lado aparte junto a unos paneles, los instructores realizan una sesión informativa para que todos los grupos integrantes de esta aventura entendamos lo qué hacer y cómo comportarnos en el agua. Por cierto, la temperatura del agua oscila entre 2 y 3º C  durante todo el año. El recorrido es de unos 40-45 minutos aproximadamente (unos 650 metros) y cada grupo, no más de cinco snorkelings, llevará a su instructor que irá por encima de la superficie. Nosotras, solo somos tres personas. Y muy importante,  el recorrido sobre la superficie de la falla de Silfra.

Las cuatro partes principales de Silfra: Big Crack, Silfra Hall, Silfra Cathedral y Silfra Lagoon. Según nos informan, las secciones son: Primero la sección Big Crack, la parte más estrecha del Silfra, donde las placas continentales están tan cerca que es posible tocarlas a la vez. Seguidamente, Silfra Hall, la fisura se ensancha, donde el espectro completo de los colores y la claridad se vuelven aún más evidentes. En este punto, si miras en el ángulo correcto, puedes ver a través de las aguas cristalinas todo el camino hasta el lago Thingvallant, que está a unos 150 metros de distancia. La sección llamada como La Catedral, a medida que la profundidad alcanza los 23 metros, sientes que estás volando sobre las rocas y el limo glacial. Es increíble el paisaje submarino. Y el final del snorkel culmina en la laguna de Silfra.

Una recomendación ¡Por favor!  Prestad mucha atención a los instructores.”

Después de las informaciones e instrucciones caminamos, como pudimos, a través del suelo volcánico hacia la entrada de la falla (unos 250 metros) Descendemos por una escalera que termina en una plataforma sumergida que permite realizar los últimos preparativos: aletas, gafas y tubo. Nos indican “in situ” las posiciones que debemos adoptar para descansar: sentados o boca arriba en el agua (el traje seco de neopreno flota perfectamente) o boca abajo con las gafas de snorkel para la contemplación.

La aventura comienza. Mi primer contacto con el agua de Silfra es helado, a pesar de que sólo siento frío en el rostro. Una vez en el agua, me sumerjo en un mundo submarino surrealista. Me dejo llevar por la suave corriente. Las aguas son de una increíble visibilidad. Por un momento, dejo de respirar. No por miedo sino por puro asombro. Experimento una mezcla de serenidad profunda y euforia contenida. Los colores, los sonidos, incluso los pensamientos y los sentimientos son más intensos, más profundos. Mi  imaginación me lleva a fantasear en las profundidades de esta maravilla geológica. Algunas plantas, como las algas verdes y amarillas crecen en las rocas más superficiales y flotan sobre el agua creándose una nota de color

Al principio, el angosto canal de agua azul se estrecha a la entrada de la falla, me muevo despacio por la dificultad del traje. El mundo en las profundidades de Silfra se transforma; donde la luz del sol penetra suavemente y se pierde en la hondura de la sima. Intento no chocar con las paredes volcánicas, es una de las advertencias. Apenas muevo los brazos y las piernas, simplemente floto sobre los abismos de la fisura. Entre las paredes volcánicas las cuevas esconden sus secretos a los que rompemos el silencio. Todo es un mundo desconocido. Un mundo misterioso. En el exterior, el valle de Thingvellir está cubierto de nieve. Los snoklings nadamos cada uno a nuestro aire, compartiendo las mismas aguas heladas, con el privilegio de hacer snorkel en el mismo sitio que dos continentes se están separando. Una manera de descubrir un poco los misterios del interior de la tierra.

A veces, saco y meto la cabeza en el agua para sorprenderme una y otra vez con el contraste del exterior e interior. Una sima mágica se abre ante mis ojos: la diversidad  de musgos y algas, desde azules a verdes brillantes, incluida la llamada “pelo troll”. A medida que avanzo entre las sombras, contemplo las extraordinarias formaciones rocosas y la profundidad casi infinita de la falla de Silfra. Aunque no hay vida en este lugar es posible que, tal vez, encuentre un pez que rápidamente regresará al lago Thingvallant. Mientras derivo lentamente con la corriente, las sensaciones que percibo son indescriptibles.

Levanto la cabeza para orientarme o bien doy la vuelta hacia arriba para descansar y respirar con tranquilidad. No sé cuánto tiempo ha transcurrido desde que me sumergí. Apenas siento las manos porque el agua ha traspasado los guantes, al igual que los pies, están helados. La cara es la única parte de mi cuerpo que está en contacto directo con el agua helada ¡no puedo decir si es mía!

Por las explicaciones, supongo que he llegado hasta la Catedral. Es la parte más ancha de esta zona de la sima. Es muy hermosa y la que más me ha impresionado, sus colores son más azules. Me quedo exhorta en la contemplación. Hay algo especial que parece envolver este sitio. Agua dulce, aguas cristalinas, celestes, azules, turquesas para luego convertirse en verdes. Decido quedarme en este abismo mágico. El tiempo se queda en suspenso y disfruto de las maravillas que nuestro mundo esconde. Mientras la corriente me lleva, mantengo la escucha.

Avanzo hasta la parte final. En el borde de la fisura hay una plataforma y una escalera de metal. De pie, la joven instructora nos espera. Mi cabeza bambolea un poco. Alzo mi mano para pedir ayuda y Diana, mi amiga alarga el brazo para cogerme. Despojadas de aletas, gafas y guantes y tras unos minutos de descanso, iniciamos el camino de regreso al centro de buceo, a unos 500 metros.

Lo primero que nos ofrecen a la llegada son sendas tazas de chocolate muy caliente y galletas. Seguidamente, a la intemperie y aún con más frío, nos ayudan a desprendernos del traje seco de neopreno y, con una rapidez inusual, procedemos a vestirnos.

En esta latitud en invierno, comienza a oscurecer a las 16.00 horas. Es la hora de marcharnos. Comienza a nevar.

En todos los sentidos, ha sido una auténtica aventura que jamás olvidaré. Con esta experiencia de alto voltaje,  ahora puedo decir que el agua contiene escalofríos.

(*) Un traje seco de neopreno mantiene al buceador completamente seco y caliente. Esto se consigue mediante el uso de cremalleras estancas y manguitos (de neopreno o látex) en cuello y puños que impiden el paso del agua al interior del traje. Excepto cabeza y manos, que se protegen con una capucha y guantes de neopreno. Los trajes secos están hechos especialmente para flotar en la superficie del agua, es realmente difícil sumergirse ya que hay aire dentro.

Cueva de Valporquero, sorprendente naturaleza.

En mi último viaje a León, tuve la oportunidad de integrarme a un grupo de excursionistas para visitar la Cueva de Valporquero, de la que ya había oído hablar por su extensión y belleza. Me hizo mucha ilusión poder realizar esta visita inesperada y, a la vez, tan deseada, a pesar del día lluvioso y desapacible.

Aunque no eran muchos kilómetros de distancia, mereció la pena el viaje por la carretera de montaña que, en un largo tramo, bordeaba el curso del río Torío que atravesaba las espectaculares Hoces de Vegacervera, considerado Espacio Natural Protegido, un sitio de gran belleza.

En un desvío de la carretera, se inició el descenso hacia las instalaciones del complejo, dotado de aparcamiento, cafetería, parque infantil, merenderos, recepción a los visitantes, y otros servicios. En la fecha que fui, el mes de Abril, el entorno natural que le rodeaba comenzaba su despertar a la primavera. Me pareció que algo mágico reinaba en el ambiente.

La Cueva de Valporquero se sitúa en la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica, al norte de la Provincia de León, a 47 Km de su capital y en el Municipio de Vegacervera. El cercano pueblo de Valporquero, se hallaba situado a 1.386 metros de altitud sobre el nivel del mar. La Cueva fue abierta al público en el mes de Julio de 1.966 y gestionada por la Diputación de León. Debido a las dificultades que entrañaban el recorrido, las visitas eran obligatorias con un guía conocedor del lugar.

En la Recepción de Visitantes.  [… El guía explicó brevemente  sobre unos paneles  su origen geológico y  el  recorrido habilitado para visitar era de unos 1.600 metros, ida y vuelta… Aunque a un nivel  inferior transcurría un río subterráneo, con una longitud de 3.150 metro… solo era apto para expediciones espeleológicas… Sobre la temperatura del interior era de  7º  constante y el 99% de humedad durante todo el año.

Sobre los estudios realizados. Hace aproximadamente más de un millón de años… en el Pleistoceno de la era Cuaternaria,  las aguas frías de los ríos empezaron a filtrarse a través de los poros, fisuras y grietas de la roca caliza de estas montañas… Tuvieron que pasar muchos milenios para que la Naturaleza… nos mostrara el fantástico mundo subterráneo que modeló estas caprichosas formaciones calizas y que aún continúa haciendo…]  

Seguidamente, indicó el camino hacia la Cueva, cuya entrada se hallaba a 1.309 metros de altitud sobre el nivel del mar.

Después de andar por un estrecho sendero que bordeaba el cauce del arroyo Valporquero, llegué hasta el final del camino: me topé con la alta pared de la montaña y una inmensa boca abierta me recibía para penetrar en su interior. El cristalino arroyo también continuaba su cauce hacia adentro. Al penetrar en esta sombría cueva, enseguida pude descubrir las ocultas e increíbles maravillas subterráneas.

La primera de las salas que estaba más al exterior de la cueva, era llamada Pequeñas Maravillas, que acogía el hermoso lago en el que se reflejaba el entorno. Desde aquí se iniciaba el recorrido por una empinada escalera para adentrarse hacia el interior.

La gran sala de rigurosa mención la llamada Gran Rotonda, la mayor del complejo, con una superficie de 5.600 metros cuadrados y unos 20 metros de altura. Aunque no eran abundantes las formaciones calcáreas me pareció indescriptible su belleza. Desde el comienzo, el sonido del agua fue mi fiel acompañante.

A continuación, desde la Gran Rotonda el camino discurría paralelo al río subterráneo. Desde un mirador, me asomé al vacío, una profunda sima que engullía las aguas tras un estruendoso salto de unos 15 metros. Y, la Sala de las Hadas, adornada con grandes banderolas, estalagmitas y una preciosa concentración de estalactitas coloreadas por el óxido de hierro y de zinc que parecían sustraerme hacia el techo de mirarla tan fijamente, o tal vez, las hadas me alzaba para contemplarlas en su magnitud.

Una excelente red de caminos, puentes, escaleras y una magnifica iluminación nos acompañaban para hacer más fácil el recorrido.

Un sitio que me sobrecogió un poco fue  El Cementerio Estalactítico, no por el significado, sino porque las estalactitas y estalagmitas ennegrecidas debido a desprendimientos fortuitos y junto a los sedimentos cubrían el suelo y el techo estrechando el camino.

Recorrer la llamada Gran Vía, fue impresionante, con una altura de 40 metros y  8 metros de anchura de cuyo techo pendían excéntricas,  banderolas y miles de largas estalactitas que daban la impresión de caerse de un momento a otro como afiladas espadas. No creí que mi imaginación fuera tan fantasiosa, pero el lugar invitaba al juego.

Seguidamente, la Columna Solitaria, en medio del camino, sorprendentemente hermosa, que ascendía desde el suelo hasta casi el techo cuajado de estalactitas y antodita  blanquecinas o translúcidas.

Para finalizar el recorrido, me esperaba el espacio llamado Maravillas, la sala que reunía la más completa sección  geológica. Situada al fondo de la Cueva donde se concentraba volúmenes amorfos, decenas de miles de estalactitas, coladas, residuos y columnas surgidas del milenario goteo del agua.  Una panorámica fantasmagórica que era reflejada en las aguas cristalinas del Lago de las Maravillas, que ofrecía desde su fondo los conos de las cavernas.

De las siete salas, cada una más sorprendente que la anterior. Una oportunidad aprovechada en la que pude admirar la gran obra de arte creada en el tiempo: estalactitas, estalagmitas, unas colgaban de techos y otras se elevaban del suelo hasta unirse, coladas, banderolas y columnas de diferentes coloridos, formaban un espectacular escenario.

El recorrido fue lo más detenido que pude, lo consideré como una  especial invitación que me ofrecía la Naturaleza: la contemplación de este paraje privilegiado y el disfrute de los sentidos. Aquí se podía reunir el ocio y la cultura.

La Cueva de Valporquero ubicada a 1.309 metros de altitud sobre el nivel mar, es la más alta de España que puede ser visitada.