Cabo Norte, un lugar mítico para todos los viajeros

NORUEGA

Mes de Julio. Sin duda, viajar a Cabo Norte (Nordkapp) es una de las metas más deseadas para las personas viajeras, para mí significó una verdadera aventura llegar a este lugar y  recorrer aquella parte del Ártico, en el confín del mundo dónde la tierra se terminaba en un gran acantilado de unos 307 metros de altura que se precipitaba al Mar de Barents. Entonces me pareció sentir la fascinación que me provocaba, creía palpar la esencia mágica del Norte, me encontraba a tan sólo a unos 2.100 Km del Polo Norte geográfico.

Aunque su situación es 71º 10’ y 21” N y 25º 47’ 03” E, en la isla de Mageroya, en el extremo Norte de Noruega, el Cabo Norte en realidad… ¡no es el Cabo Norte!  Cuando los aparatos de cartografía modernos permitieron medidas más precisas, se dieron cuenta de que el punto más septentrional de Europa no era donde estaba situada la Esfera Armilar y el Centro de Visitantes, sino el Cabo Knivskjellodden a unos 1.500 metros más al Sur, 71º 11’ 8” N y 25º 40’ 54” E, era el punto más septentrional de Europa. Pero en la historia, Cabo Norte  se hizo mítico.

Durante dos días me alojé en el Hotel Scandic, en Honningsvag, una ciudad situada al sur de la isla Mageroya que se había convertido en la puerta hacia el Cabo Norte. Después de la cena acudí a la cita concertada con una agencia para la excursión al fin del mundo. Me uní a un pequeño grupo de turistas ingleses, ocho parejas de diversas edades. Menos mal que el guía hablaba algo de español, lo suficiente para satisfacer mis preguntas.

En el trayecto, unos 40 Km,  pude contemplar paisajes espectaculares, montañas redondeadas cubiertas de grandes manchas de nieve, lagos serenos que reflejaban en sus aguas la belleza del entorno. En algunas zonas numerosas manadas de renos pastaban y otros echados sobre el lecho de líquenes. Observé que conforme la carretera se aproximaba a Cabo Norte el paisaje dio un cambio radical: los desolados e inhóspitos parajes de tundra. Nada podía crecer allí, los elementos se conjugaban para hacerlo imposible.

Y allí estaba Cabo Norte, llamándome, instalándose en mis retinas. Lejano, o no tanto, mi sueño se había cumplido.

Dejé el autobús en el parking y pregunté al guía la hora del regreso. Me separé del grupo y anduve un trecho camino bordeado aquí y allá con montoncitos de piedras,  pequeños monolitos construidos por los viajeros que, probablemente cada invierno, desaparecerían barridos por el viento. Aunque era el mes de Julio hacía frío, sentía en mi rostro esa gélida sensación térmica. Sin embargo, en mi interior fluía una  cálida emoción que embargaba todos mis sentidos.

Paseé por la extensa planicie y fotografiaba compulsivamente cada vez que descubría algo nuevo para mí. Sobre todo el cielo, colores intensos del amarillo al anaranjado, nubes rosáceas, rojizas y en el horizonte una enorme bola de fuego que bajaba lentamente. Una experiencia inolvidable en un lugar diferente de nuestro planeta  Tierra.

Tras recorrer todo el exterior y admirar los colosales monumentos del Cabo, el principal que preside aquel lugar era la enorme Esfera Armilar construida en 1978 sobre una base de piedra, además es el punto de referencia mítica para las fotografías de los viajeros.

Otra obra espectacular: el “Monumento a los Niños del Mundo” inaugurado el 15 de junio de 1989. Una idea del artista Simon Flem, a través de la cual propuso un concurso de dibujos para niños de todo el mundo en el que quiso plasmar la cooperación, amistad, esperanza, alegría y paz a través del arte para transmitir que dichos valores estaban por encima de cualquier frontera. Esta obra la completa un niño y una madre retratados por la artista Eva Rybakken, los cuales parecían estar observando el mensaje de los mismos.

El menos visitado, el monolito que recuerda la visita del Rey de Suecia y Noruega, Oscar II, el día 2 de Julio de 1.873. Ubicado a la izquierda del edificio Centro de Visitantes.

Mientras, el reloj marcaba el tiempo y la gran bola de fuego continuaba descendiendo.

El edificio del Centro de Visitantes contaba con las instalaciones necesarias para atender a los viajeros: baños, cafetería, restaurante, tienda de souvenirs y una oficina postal. También se exhibía una exposición sobre la historia de la isla de Mageroya y un auditorio con gran capacidad en el que se proyectaban, cada media hora, un documental del Cabo Norte durante las diferentes estaciones del año, incluidas las auroras boreales.

Desde este mismo edificio entré a la gruta excavada en la roca que conducía a un mirador situado a unos metros por debajo de la Esfera. La panorámica era fantástica, algo existía en este desolado acantilado azotado por los vientos que excitaba mis sentidos. Permanecí un largo rato contemplando el Mar de Barents y la inmensidad que abarcaba.

Continué recorriendo la gruta en la que también admiré una pequeña iglesia dedicada a San Juan. También me resultó curioso el Museo de Tahilandia inaugurado en 1.989, un recuerdo de la visita del Rey Phra Chula Chomklao Chaoyuhua, de Siam (actual Tahilandia) en el año 1.907.

Para contemplar el momento cumbre, “el Sol de Medianoche”, dependía del día, según me informaron. Compré una lata de cerveza  Ringnes y presurosa salí al exterior. Me coloqué justo en la barandilla delante de la gran esfera. El corazón latía a mil por horas y un nudo se formó en mi garganta. El globo de fuego parecía que no quería tocar el agua y por breves momentos se quedó suspenso. Esta vez fue a las 00.25. Después, lentamente comenzó a ascender. Un batir de palmas rompió el silencio. Todos los que estábamos allí reunidos alzamos la voz al unísono y  brindábamos por esa maravillosa noche que acababa y por el nuevo día que comenzaba.

Sentí una sensación extraña al contemplar como empezaba un nuevo día sin haber visto la noche. Esa era la magia que flotaba en el ambiente de Cabo Norte, el punto más septentrional de Europa aunque no lo sea exactamente.

Un viaje que nunca olvidaré por la inmensa belleza que pude contemplar.

Post relativos a este periplo:

Saltando de isla en isla (II)  1-10-2.014

En busca del Sol de Medianoche (I) 2-6-2.018

A la búsqueda de ballenas 27-8-2.018

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s