Aventura en moto de nieve en el Glaciar Vatnajökull

ISLANDIA

Apenas había transcurrido un año y en épocas diferentes — verano e invierno— viajé a Islandia y en ambas ocasiones había disfrutado de su naturaleza indómita, imprevisible y única. Islandia, me sedujo por su idiosincrasia, una isla única que sorprende a cualquier viajero. Su riqueza patrimonial era la Naturaleza, radicada en todos los lugares y rincones, sin excepción, todos eran merecedores para ser visitados, cada uno de ellos me resultaba más espectacular que el anterior. Por lo que deduje, lo más razonable era conocer la isla por los cuatro puntos cardinales.

Era 13 de julio 2.017 y la sexta jornada de viaje circundando la isla. Alojamiento en el Hotel Jökull,  situado a las afueras de Höfn.

En el pequeño grupo (nueve personas) con el que inicié mi primer viaje a Islandia, Ingrid, nuestra guía islandesa nos hizo la propuesta para hacer  una de las excursiones “estrella del viaje”: un paseo en moto de nieve en el Glaciar  Vatnajökull.

Sólo la idea de recorrer un mundo de hielo en el gran glaciar, con un sol radiante y en las alturas una temperatura sobre los  -3º  en pleno mes de julio, me pareció una auténtica aventura. El precio 26.000 ISK (Coronas islandesas) unos 200 Euros. Solamente tres mujeres, atrevidas y osadas, dimos el paso.

A las 14.00 horas p.m. un todoterreno 4×4 nos recogió en el Hotel para llevarnos hacia el campamento base, una especie de albergue de alta montaña.  Durante el trayecto de ascenso, era un verdadero disfrute contemplar las impresionantes vistas de los conos volcánicos, los campos de lava, las paredes rocosas y los lagos del entorno.

Según nos contó el guía que conducía, en todos los glaciares existentes en la isla, incluido el Vatnajökull, se había producido un retroceso debido al calentamiento global. Además por la reciente actividad volcánica en esta área, ya que este glaciar se encuentra situado sobre una cadena de volcanes con sistemáticas erupciones. Durante los días de viaje, ya me había percatado que la concienciación de los islandeses sobre el medio ambiente era un asunto que estaba muy arraigado en este lugar del planeta.

Casi rozando el cielo, se divisó el edifico de madera. Lo primero que se captaba a la llegada, como bienvenida a los atrevidos aventureros, las motos de nieve aparcadas. Un solo pensamiento invadía mi mente: la emoción de conducir una moto de nieve en el glaciar más grande de Islandia, el Vatnajökull.

Una vez en el campamento base, un Monitor se hizo cargo del grupo. Nos informó sobre el lugar y las características del recorrido, además, el comportamiento a seguir para no poner en riesgo nuestra seguridad. Solamente se exigía cumplimentar un formulario para que asumiera personalmente la responsabilidad. Seguidamente, como un ritual, nos proporcionaron el equipamiento adecuado para este tipo de excursión, incluido en el precio: un mono térmico, un gorro de lana, guantes, botas y casco. Después, sobre el terreno una lección sobre cómo manejar las motos de nieve – ya que en este tour no requería experiencia previa —La velocidad, importante a tener en cuenta, no sobrepasar 20 Km/hora y en fila india. Tuve la suerte de quedar la última, por lo que disfruté aún más la aventura.

El grupo ya estaba preparado para explorar el paisaje invernal. La inmensa planicie de inmaculada blancura que podía abarcar mis retinas y el aire helado, me dejaron sin aliento. El runrún acelerado de las motos rompió el silencio y una a una se fue integrando a la fila. Y yo, la última. Una excelente perspectiva de lo que parecía una larga serpiente rojinegra que se deslizaba por la llanura de nieve. La emoción embotaba mis sentidos y en unos instantes se convirtió en una sensación placentera.

Cada parte del glaciar recorrido me parecía que estaba lleno de misterio. Me sentía fascinada por el gélido paisaje y la adrenalina corría a raudales por mis venas. Durante el trazado por el glaciar Vatnajökull, imaginé que entraba en otra dimensión, en otro mundo donde reinaba el silencio, donde parecía que el mundo pedía una tregua para el sosiego. Tan solo escuchaba el crujido del hielo bajo el peso de los esquíes de la moto, sus huellas paralelas dejaban surcos en la extensa planicie del glaciar.

Recordé que había algo en común en todo cuanto me rodeaba: en la mayoría de los lugares que había recorrido de Islandia, coincidía con la ausencia de ruidos, sólo predominaba el silencio. Imaginé que su reinado comenzó justo en el momento que la tierra dejaba de rugir por los estremecimientos provocados por los volcanes del entorno. Una ráfaga de viento polar interrumpió mis pensamientos.

A medio camino, se hizo un alto para descansar y aliviar un poco la tensión acumulada. Minutos que se aprovecharon para intercambiar impresiones sobre la experiencia, hacer fotografias, además de juguetear con la nieve como niños traviesos. Tras este lapsus, emprendíamos el regreso.

A lo lejos, divisé el albergue del campamento base después de unas 2 horas.

Una vez despojada de la indumentaria, acudí al pequeño bar donde esperaba el resto del grupo. Una ronda para brindar por la aventura, por supuesto con una cerveza Vatnajökull, producida con el agua del propio glaciar y mejor aún saborearla en este lugar. En el exterior, un vehículo 4×4 esperaba al grupo para regresar al hotel.

Sin duda, fue una de las experiencias más impresionantes que había realizado hasta entonces. No sólo por la indudable belleza del entorno, sino por la magnífica sensación de libertad que generaba el estar allí en ese momento, en el gran Glaciar Vatnajökull.

Unos datos curiosos.

“El Parque Nacional de Vatnajökull (establecido el 7 de Junio de 2.008) está formado en realidad por tres parques o zonas distintas. Por una parte el propio Glaciar, pero también por el Parque Nacional Jökulságljúfur y por el Parque Nacional Skaftafell. En su conjunto ocupan alrededor de unos 12.000 Kilómetros cuadrados, aproximadamente un 12% de Islandia, por lo que le convierte en el parque natural más grande de Europa.

El Glaciar Vatnajökull es el epicentro de este parque natural, situado en el sureste de Islandia y ocupa unos 8.190 kilómetros cuadrados, un 8% de la superficie total de Islandia.

Es el mayor glaciar de Europa en volumen (más de 3.000 km3.) y el segundo más grande tras el Austfonna, en el archipiélago de las Svalbard, Noruega. No obstante, lo más llamativo: esta masa de hielo puede llegar a los 400 metros (media) a 900 metros (máxima) de grosor.”

En post anteriores refiero otros lugares de Islandia:

7-6-2.017 “Islandia, tierra de hielo, cataratas y naturaleza indómita”

14-7-2.018 “El insólito Museo de Penes, Reykjavik”

25-9-2.018 “Hacer snorkel en la falla de Silfra”.

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