Archivos Mensuales: noviembre 2018

Presentación de mi último libro “Cuando la piel estalla”

El pasado lunes día 26 de Noviembre de 2.018 hice la presentación de mi cuarto libro  titulado “Cuando la piel estalla”, que estuvo a cargo de Diana P. Morales, Licenciada en Filología Inglesa, escritora y poeta. Siempre le agradeceré su interés y ayuda en la organización para que este acto se llevara a cabo.

El evento se celebró en el salón de “Depikofino”, un conocido restaurante de Sevilla, al final del acto se ofreció un aperitivo al numeroso grupo de asistentes.

Este nuevo libro contiene quince historias en las que se descubre el contradictorio mundo de las relaciones humanas, siempre desde los ojos de una mujer.

Algunos personajes viven en países desolados por la crueldad y la venganza de las guerras y de los refugiados que huyen. Otros se engarzan en juegos prohibidos en un lugar considerado sagrado. También dos mujeres amantes traicionadas por otro amor. O los celos enfermizos de un marido.

Otras historias retratan a protagonistas femeninas que desafían su situación doméstica y familiar a varios niveles. Mujeres inquietantes que se retuercen entre el silencio, el asombro y el dolor, en un entorno a veces brutal pero que constituye la realidad en la que viven.

Sus historias rompen el silencio y se centran en lo que permanece oculto o deliberadamente ignorado – con la esperanza de cambios mejores.

Mi sincero agradecimiento a todas mis amigas y amigos, por su fidelidad  y de manera especial a mi hija y nieta.

Esta obra ha sido autopublicada.

 

Fotos: Lola Ramirez

25 Noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

La Asamblea General de la ONU estableció en 1999 que cada 25 de noviembre se celebraría el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”. Este Organismo define como una de las más devastadoras violaciones de los Derechos Humanos, ya que se trata de un tipo de violencia de las más extendidas y persistentes en el mundo.

Como recordatorio, transcribo los dos primeros artículos aprobados en la mencionada Asamblea, porque las mujeres no debemos olvidar los derechos que nos protegen en tales casos, y acudir sin miedo a denunciar los hechos de malos tratos, así como  recabar en las instituciones pertinentes los derechos que nos asisten y su deber de asistirnos con su protección contra el maltratador.

En el Artículo Primero expresa la definición más utilizada de violencia:

A los efectos de la presente Declaración, por “violencia contra la mujer” se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la privada.

Y en el Artículo Segundo, se entiende que la violencia contra la mujer abarca los siguientes actos:

-La violencia física, sexual y psicológica que se produzca en la familia, incluidos los malos tratos, el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violencia relacionada con la dote, la violación por el marido, la mutilación genital femenina y otras prácticas tradicionales nocivas para la mujer, los actos de violencia perpetrados por otros miembros de la familia y la violencia relacionada con la explotación.

-La violencia física, sexual y psicológica perpetrada dentro de la comunidad en general, inclusive la violación, el abuso sexual, el acoso y la intimidación sexuales en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros lugares, la trata de mujeres y la prostitución forzada.

-La violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra.

El 70% de las mujeres de todo el mundo sufre algún tipo de violencia a lo largo de su vida. En lo que va de año, en España son 44 el número de víctimas que se ha cobrado la violencia machista, más 4 menores, y de todas ellas sólo 12 habían denunciado a sus agresores; uno de los grandes problemas para combatirla.

                                                ¡MUJER, NO TENGAS MIEDO Y DENUNCIA ¡

 

 

 

 

 

  

 

Leyendas y enigmas sobre las sirenas

Las sirenas han sido personajes famosos de la mitología griega, aunque se cuenta que son muchos los que dicen haber visto una. También es cierto que quienes confirman dicha contemplación, en su mayoría son marineros [… estos seres tienen apariencia femenina, que son mitad jóvenes mujeres y mitad peces, que saltan como los delfines y que realizan varias acrobacias antes de desaparecer…]  Las primeras leyendas sobre las sirenas se remontan a la época de los asirios y los babilonios que, sobre el año 1.000 a.C., adoraban a las divinidades del sol y de la luna. La diosa-luna Atargatis, madre de la reina asiria Semíramis, mitad mujer y mitad pez puede considerarse la primera sirena de la que se tiene noticia.

En cambio, en la antigua Grecia  las presentaban como criaturas marinas que atraían a los marineros con sus cantos para hacer que naufragasen sobre los escollos, y que después los secuestraban para devorarlos. Sin embargo, la literatura les confirió un lugar especial con la obra de Homero “La Odisea. Solo Ulises demostró ser más astuto que ellas al ordenar a sus hombres que se tapasen los oídos con cera y a él que lo atasen al palo mayor de la nave para librarse de sus encantamientos. Así pues, en aquel tiempo las sirenas eran monstruos y, al igual que sus equivalentes masculinos, los tritones tenían la capacidad de provocar tempestades marinas.

Según una leyenda griega, la hermanastra de Alejandro Magno, Tesalónica, al morir se transformó en una sirena. Vivía en el mar Egeo y, cada vez que veía un barco agitaba el mar. Entonces salía del agua y preguntaba a los marineros ¿Está vivo Alejandro? La respuesta correcta era: “Vive, reina y conquista mundo”. Al oírla, Tesalónica calmaba las aguas y deseaba a los marineros un buen viaje. Cualquier otra respuesta la enfurecía y desencadenaba una terrible tempestad.

Con la llegada del cristianismo, también la leyenda de las sirenas se adaptó a las exigencias de los nuevos tiempos. Así nació la versión de la sirena que anhelaba tener un alma pero que para conseguirla, se veía obligada a prometer que viviría en la tierra y que renunciaría para siempre al mar. Aquella promesa, imposible de mantener, condenaba a la sirena a una lucha eterna y desgarradora consigo misma.

Una historia del siglo VI d.C. cuenta que existía una hermosa sirena que cada día se encontraba con un monje de Iona, una pequeña isla escocesa. Rezaba con él para que Dios le diese un alma inmortal y la fuerza que necesitaba para abandonar las aguas. Pese a la sinceridad de su deseo y al hecho de que al final se enamorase del monje, la sirena fue incapaz de renunciar al mar. Las lágrimas que derramó al abandonar para siempre la isla se transformaron en guijarros. Hoy todavía se pueden ver piedras verdes en la costa de Iona, se les conoce como “lágrimas de sirena”.

En los mares del norte las leyendas sobre las sirenas se confundían a menudo con los relatos sobre avistamientos de focas. Algunos, en cambio, consideraban que se trataba de las almas de personas que se habían ahogado, mientras que otros sostenían que eran mujeres víctimas de encantamientos. Focas y sirenas tenían varias características en común: que tanto unas como otras poseían el don de la profecía.

Hoy día ya nadie cree en las sirenas. No obstante, y pese a que estas criaturas hayan perdido su valor simbólico, es decir,  que hayan dejado de recordarnos el peligro de la tentación, sin duda alguna la leyenda de estas “señoras del mar” sigue formando parte de las fantasías de nuestra cultura, al igual que los unicornios, los dragones y las hadas.

 

La misteriosa isla de Kekova y la ciudad de Kaleköy

Costa Licia -Turquía

Puedo decir que el país turco me hechizó la primera vez que fui, ahora  soy una ferviente enamorada que siempre tengo anhelos por volver,  creo que han sido cinco o seis veces las que he recorrido Turquía. En uno de mis viajes elegí nuevamente visitar la provincia de Antalya que se ubica en el Suroeste del país. Concretamente, mi interés se centraba en conocer la Costa Licia.

Tuve la oportunidad de integrarme con un grupo de turistas para hacer una excursión en una embarcación tradicional de madera típicamente turca, cuyo destino era conocer una parte de este lugar, en el Mediterráneo.

Desde el pequeño puerto de Üçagiz (antiguo Teimioussa) un pueblo pintoresco de pescadores y agricultores, un entorno idílico de casas de maderas situadas en una bahía entre islas y penínsulas. Este lugar era el punto de partida para visitar la isla de Kekova Adasi (Dolichiste en licio antiguo) y el asentamiento aislado de Kaleköy (Simena en griego antiguo)

El día era magnífico, muy a propósito para tal fin. Durante la travesía pude contemplar decenas de pequeños islotes deshabitados, pero que albergaban restos arqueológicos de antiguas poblaciones licias de unos 3.000 años de antigüedad.

Tras el anuncio por megafonía del avistamiento de la isla de Kekova  comprendí lo que hacía este sitio tan especial. Un regalo maravilloso de la naturaleza que el azar se había encargado de obsequiarme, así, sin esperarlo. Uno de los más hermosos lugares que se podían encontrar en la costa licia de Turquía: la isla de Kekova Adasi, con una superficie de 4,5 Km y actualmente estaba deshabitada.

Situada cerca de la ciudad licia de Myra, en la provincia de Antalya, y frente al pueblo de Kaleköy. Según cuenta la historia reciente, la posesión de este trozo de tierra fue objeto de disputas entre Italia y Turquía, tras el Convenio de 1.932 se le asignó a Turquía.

El 18 de Enero de 1.990 fue declarada como Zona Protegida por el Ministerio de Medio Ambiente y Bosques de Turquía, y en el año 2.000 presentó la solicitud a la Unesco para su conservación como Patrimonio de la Humanidad. Actualmente se encuentra en la lista provisional de este organismo.

-Kakova Adasi (Dolchiste antigua Licia) En el lado Norte de esta pequeña isla turca se encontraba la antigua urbe fundada por los licios  alrededor del siglo V a.C.

Llegó a considerarse un importante centro comercial. Su gran puerto era un punto seguro solicitado por los navegantes de la época que buscaban su refugio durante las  tempestades en el Mediterráneo. Dada la situación de esta isla en estas costas, como consecuencia de los terremotos producidos en el siglo II d.C. que provocaron el levantamiento de los Montes Tauro, parte de la antigua ciudad licia quedó sumergida en las aguas.

Según los investigadores, los registros históricos sobre este lugar eran difíciles de verificar, aunque se suponía que Kekova fue más prominente en las épocas licia y bizantina

Los enormes trozos de las construcciones derrumbadas comenzaban en la montaña, restos de murallas colgadas de las faldas de la isla y se agolpaban en la orilla o sumergidas en las aguas del mar Mediterráneo, creo que hasta una profundidad de unos15 metros. Gracias a que la embarcación se le permite  surcar las aguas y navegar más lento, podía acercarse a las orillas hasta la distancia permitida. Asomada en la borda podía contemplar una buena vista de las ruinas tanto de la superficie como por debajo de la línea de flotación.

A través de las cristalinas aguas se dejaban ver los restos de columnas, de edificios y  escaleras de piedra que desde la orilla se introducían en las profundidades. El muelle antiguo estaba parcialmente sumergido en el mar.

Dado el tiempo transcurrido y a las corrientes marinas la mayoría de los edificios históricos estaban casi cubiertos por la arena del mar.

Quedé bastante impresionada ante la desolación que presentaba esta ciudad ruinosa,  sobre todo, la apocalíptica visión de los restos sumergidos en las aguas. Además, que no pudiera caminar por la antigua ciudad se me hacía más difícil imaginar su estado anterior. Aunque se distinguía entre las malezas de la montaña algunos muros de los edificios, tal vez eran casas y escaleras de piedra que aparecían fuera de su lugar de asentamiento.

En la actualidad se podía ver las ruinas de una ciudad antes floreciente en un paisaje misterioso y evocador como testigo de su historia.

El barco cambió el rumbo hacia el lado opuesto de la bahía para desembarcar en el puerto de Kaleköy, en la antigüedad se llamó Simena. Para acceder a este lugar sólo era a través del mar o caminar desde el cercano pueblo de Úçagiz. No existían infraestructuras para la circulación de vehículos.

La panorámica desde el mar era de gran belleza. Era uno de esos lugares que había visto en algunos documentales de la tele y despertó mi interés por visitar alguna vez. Y así fue.

La ladera sobre la que se reconstruyó Kaleköy era muy empinada. El pueblo era pequeño y pensé que su recorrido se hacía en poco tiempo. Así que me dediqué a ello antes de la hora del almuerzo en uno de los restaurantes, situados en el pequeño puerto.

Las típicas casas se mezclaban con las viejas estructuras medievales que se aferraban a la pared de la montaña. Decidí deambular por las estrechas callejuelas. La parte superior de la aldea estaba dominada por un castillo medieval construido por los Caballeros de Rodas sobre las ruinas de edificios licios. En la andadura topé con la indicación de la subida al Castillo. Un camino estrecho y polvoriento terminaba en la fortaleza. Una espléndida vista se extendía ante mis ojos. Sentía esa sensación de alegría que se apoderaba de mí cuando encontraba algún pequeño rincón de este mundo y me ofrecía el disfrute de tanta belleza. Un lugar tranquilo, sin dudarlo, me senté en una enorme piedra y comencé a dar rienda suelta a mi imaginación.

Como curiosidad, descubrí en el interior de este castillo las gradas excavadas en la roca de lo que fue un teatro. Según me informé después, fue el teatro más pequeño de la antigua Licia.

Descendí por el mismo camino y me dirigí al extremo oriental del pueblo. Un gran número de tumbas licias componían una necrópolis. Algunos sarcófagos se encontraban desubicados en tierra bajo centenarios olivos, otros en la misma orilla del mar y algunos emergían de las aguas. La visión era impresionante, difícilmente podré olvidar estos dos lugares Kekova y Kaleköy, que aún guardaban parte de su historia por descubrir.

Irremediablemente el tiempo pasó y volví al punto de encuentro, el restaurante para saborear un suculento almuerzo de la cocina turca: el “piyaz” y la “shakshuka”.

Este viaje por la costa licia me permitió descubrir rincones espectaculares que ni siquiera imaginaba existieran en el Mar Mediterráneo. Mis deseos fueron cumplidos.