Archivos Mensuales: mayo 2018

Los pregones callejeros en Andalucía

Tradiciones Andaluzas

Las costumbres van cambiando y las nuevas tecnologías inundan nuestro día a día, relegando al olvido las profesiones y oficios que antaño fueron esenciales. El orden y el progreso lucha contra el caos natural y olvida, casi siempre, que en el pasado se sobrevivía en parte gracias al vendedor ambulante .Un oficio que requería poseer ciertas habilidades.

En primer lugar, para vender había que saber gritar. El grito era la vida, y sin él su producto era débil. El grito de venta verdadero, es el que surgía de la garganta, duraba sólo mientras aguantaba la voz. Eran fugaces y su duración se medía en alientos. De esta costumbre ancestral, puede deducirse que los pregoneros fueron los iniciadores en constituir la modalidad de la publicidad oral.

En aquella época, aún no muy lejana, las calles estaban muy animadas. El vendedor que recorría las calles con su cargamento de cacharros de barro, cuidadosamente alojados entre pajas en las angarillas que transportaba un viejo borriquillo: ”El botijero, botijos que hacen el agua fresquita…” El afilador, con su musiquilla: “El afilaoooo, se afilan cuchillos”. El latero:” Niñas, el latero, se arreglan palanganas, ollas, cacerolas…” El sillero con su cargamento de fibras secas al hombro:..” Se arreglan sillas de anea…” El paragüero: “Se arreglan paraguas y los dejo como nuevos…” El anciano de los altramuces al toque de su trompetín:” Los chochitos, frescos y dulces…” El tío del saco, el que más gustaba a la chiquillería: ”Cambio botellas viejas por globos…”

El pregón, esa manera sonora, ingeniosa y desenfadada de anunciar las ventas. En su entonación convergían todas las voces: desafinadas, armoniosas, de tonos roncos, claros y enredados. Se convertían en rítmicas letanías, clamores y mensajes. Los pregones, ante todo, eran la expresión de la vida popular, del folklore de no menos interés que los cantares, coplas y romances.

Algunos cantaban su mercancía por sevillanas como el célebre “Quijá el florero”, que consiguió hacerse célebre por sus pregones. Poseía el florero un verdadero repertorio de pregones, con la particularidad que los adaptaba siempre a la categoría del público que le escuchaba. Tenía pregones sencillos, en que sólo se ocupaba de las flores que llevaba… o que no llevaba, para encomiar sus olores y aromas.

Toda España traigo andá

y corrio sus jardines,

sólo por traerle a usté

mosquetas, lirios y jazmines.

Soy el tunela más grande

que se pasea por Sevilla.

El año en que se murió salieron unas sevillanas en la Feria de Abril, que decía el estribillo:

Cuando se murió el Quijá

Lloraron toítas las flores.

Los pregones más antiguos que conocemos son, sin duda, el de los “Caracoles”, pregón auténtico caracolero de Cádiz. Después, se convirtió nada menos que en un género de copla flamenca, aclimatado en Madrid. Otro es de frutas, y de él se forma una variedad del género llamado “mirabrás”. El pregón del frutero se remonta a mediados del siglo XIX, y nació en Málaga.

Venga usté a mi puesto, hermosa,

no se vaya usté, salero;

castañas de Galarosa.

Yo vendo camuesa y pero

¡ay Marina!

Que tengo naranjas

y son de la China.

y batatitas borondas

suspiritos de canela,

malacatones de Ronda,

y agua de la Fuente Vieja.

Te quiero yo,

más que a la mare

que me parió.

El otro pregón, el de los Caracoles de Cádiz, se data sobre el año 1.820. Del mismo se conservan algunas frases, recogidas en una copla.

Caracolero… Caracolero…

Soy quien vende los mejores

y los más frescos…

Mis caracoles

son trocitos de mojama

con sus estuches

de  porcelana.

 

Todo esto ocurría no solamente en Sevilla, sino en toda la región andaluza como puede comprobarse por estos dos últimos pregones, auténticas joyas del género. Voces que llenaban de alegría las calles, plazas y mercados, constituyendo un elemento entrañable del paisaje urbano. Uno de los aspectos más interesantes del alma popular y que desgraciadamente se ha esfumado en el tiempo.

 

Artículo que  publiqué en la Revista Cultural Aldaba