Archivos Mensuales: junio 2017

Todo retrato esconde una historia

Hace unos meses volví a visitar El Palacio de los Adelantados Mayores de Andalucía, situado en Sevilla, más conocido popularmente como Casa de Pilatos, construido entre los siglos XV y XVI. Es el conjunto residencial privado mayor de la ciudad, Declarado Monumento Nacional desde 1931.  Actualmente se rige por  la Fundación Casa Ducal de Medinaceli.

De vez en cuando me gusta visitar los monumentos de mi ciudad, es gratificante para mí  revalorizar los tesoros que acoge, sobre todo  cuando regreso de otros países. Un recorrido por este edificio es un verdadero placer para los sentidos. Sin prisas, mis pasos recorren los salones de la planta baja de este peculiar palacio. El sonido del agua que mana de las fuentes situadas en los patios y jardines es una compañía grata. Cómo se entrelazan las estancias entre una puerta y otra. La riqueza de sus artesonados. En su conjunto es una mezcla del gótico y mudéjar de fines de la Edad Media y las innovaciones del Renacimiento. Sin embargo, una sorpresa me aguardaría ya que en otras visitas eludí entrar en esta habitación.

La historia de este Palacio es larga y llena de leyendas. Sin embargo, la que quiero contar es otra. La de un retrato, una de las pinturas más extrañas de toda la Historia del Arte. La sorpresa me espera en la sala adjunta del Gabinete de Pilatos, en la planta baja. Realmente tiene poco que resaltar desde el punto de vista artístico a excepción del cuadro que cuelga de sus paredes, tras el escritorio de la pared frontal.  Me llama poderosamente la atención una pintura realizada sobre placas de cerámica. Un pequeño cartel me informa de que se trata de “La mujer barbuda”, copia del lienzo que pintó José de Ribera, “El españoleto”, en 1.631. Me acerco lo más que está permitido e intento leer la inscripción que aparece a un lado del cuadro. Apenas es indescifrable, pero suficiente para tomar nota y buscar los datos que satisficieran mi curiosidad. Y esta es la amarga historia que esconde este retrato, lo más probable es que ya sea conocida por vosotros.

El lienzo de la “Mujer Barbuda” fue encargado a José de Ribera por el III Duque de Alcalá, Don Fernando Afán de Ribera y Enriquez, en el último año de su virreinato (1.631) en Nápoles. Al enterarse el Duque de la existencia de esta extraña mujer, la invitó personalmente a su palacio de Nápoles para que fuera pintada por el artista. El cuadro versaría sobre un tema grotesco, al gusto de la corte de Felipe IV, de retratar enanos y personas con taras físicas.

El personaje central de esta obra es doña Magdalena Ventura,  natural de la región de los Abruzzos y conocida como “La Barbuda de Abruzzi”. En la pintura aparece en un primer plano y se aprecia que lleva en sus brazos a un bebé. Cosa inusual en la pintura de la época. El marido, Felici de Amici, se asoma por detrás, pareciera que el pintor quiere resaltar el hecho de que se trata de una mujer con barba. La presenta con un niño pequeño en actitud de lactar, como atributo de femineidad la mujer muestra el pecho del que parece amamantar al niño.

En el lado inferior derecho del lienzo se observa unas lápidas en el que el pintor señala el nombre del personaje, refiere su origen y cuenta que a la edad de 37 años desarrolló barba.

El título ya es una demostración de la rareza del caso, “Un gran milagro de la naturaleza”, y señala que tiene ya tres hijos. Algunos autores refieren que el niño que Magdalena Ventura abriga en sus brazos es su último hijo; se supone que ello no es factible [… En primer lugar por la edad que tiene la mujer al momento de ser pintada, 52 años, y en segundo por el grado extremo de virilización que presenta. Al observar el personaje se puede deducir que se trata de un caso severo. Presenta luenga barba y entradas, como suele observarse en pacientes con virilización de larga evolución. Debemos reconocer que nuestro personaje debería presentar hirsutismo, posiblemente vellosidad de aspecto masculino y acné con secreción seborreica, aunados a alopecia androgénica, signos que se observan en la mujer que presenta secreción incrementada de andrógenos, sea por parte de las suprarrenales o de los ovarios. Sin embargo, estudiando los detalles del rostro, de la mama o de las manos, no se aprecian las características que suelen identificar a este tipo de pacientes…]

[…Es probable que Magdalena Ventura, quien a los 37 años presentó crecimiento de barba y llega a los 52 con una gran barba y entradas, presentase un cuadro de hiperplasia suprarrenal congénita críptica, que se manifiesta tardíamente, aun después de haber concebido…]

El lienzo, soberbio y singular, constituye un caso aparte en la producción de Ribera, y es una de las obras más curiosas de la pintura española, o mejor, de la europea de su tiempo. Desde el año 2.001 el original se encuentra depositado en el Museo del Prado (Madrid).

Como anécdota, el III Duque de Alcalá fue un ávido coleccionista científico y llegó a reunir  en su colección de la Casa de Pilatos sevillana  otros retratos de enanos y gigantes, así como pinturas de otros caprichos de la naturaleza. Esta iconografía sobre monstruos, enanos y personajes deformes era muy del gusto de la sociedad renacentista europea y fue muy popular en la corte de Felipe IV. También era conocido el interés del pintor Ribera en representar personajes extraños.

Parece ser que el caso presentado por el pintor José de Ribera no es el único, existe otro cuadro de una mujer barbuda en el Museo del Prado, el cual fue pintado en 1590 por Juan Sánchez Cotán (1.560-1.627) conocida como “La barbuda de Peñaranda”, de nombre doña Brígida del Río.

No se trata de una leyenda, es historia y está documentada.

 

Ola de calor en Sevilla

Los sevillanos estamos viviendo en estos días, aún primaverales, temperaturas de 41ºC y 42ºC a la sombra con humor y resignación, es la peculiar idiosincrasia de esta tierra de María Santísima.

Sólo es una simple información meteorológica. ¡Porfa, deseadme un poquito de aire fresco!.                                                                                                                                                           

Islandia, tierra de hielo, cataratas y naturaleza indómita

 Islandia es un país localizado en el extremo noroeste de Europa, cuyo territorio abarca la isla homónima y algunas pequeñas islas e islotes adyacentes en el océano Atlántico, entre el resto de Europa y Groenlandia. Una isla que creo es la gran desconocida, relativamente desde hace unos tres de años  empezó a despertar interés entre las personas viajeras. Entre mis prioridades de “proyectos de viajes”, estaba en un lugar preferente, la ocasión propicia era esperar la llegada del verano.

A causa de su localización en la dorsal meso atlántica, es un país con gran actividad volcánica, este factor afecta en gran medida al paisaje del territorio islandés. Geológicamente, es parte de la dorsal meso-atlántica, la cordillera a lo largo de la cual la corteza oceánica se forma y se propaga. Además, se encuentra sobre un punto caliente,  donde el magma se acumula por debajo de la corteza terrestre. La isla marca el límite entre la Placa Euroasiática y la Placa Norteamericana,  ya que ha sido creada por la intensa actividad del vulcanismo en la zona y a lo largo de la dorsal meso-atlántica. Todo esto se traduce en una alta actividad geológica, que da lugar a más de 200 volcanes. El promedio es tal que se calcula que cada cinco años suele sufrir una erupción volcánica.

Esta isla posee gran cantidad de fenómenos  naturales y paisajes inolvidables, me pareció más grande de lo que imaginé, un país que no me decepcionó, sino todo lo contrario: me sorprendió gratamente. Acepté  la propuesta de un circuito para ver algunas de sus maravillas naturales más famosas  en pocas horas, ya que están situadas  en un radio de 100 Km desde la capital  Reykjavik.  Dada su aproximación  entre sí, es una zona que  ha sido llamada el Círculo  Dorado. Un buen comienzo para conocer esta  isla.

Los lugares que visité: el Parque Nacional de Pingvellir, el yacimiento histórico más importante de Islandia. Fue el primer parque nacional del país y la Unesco lo declaró Patrimonio Mundial en el año 2.004. Durante este recorrido se bordea parte del lago Pingvallavatn, con 84 km², es el lago natural más grande de Islandia, ocupa gran parte del parque. La estruendosa catarata de Gullfoss y la zona geotermal de Geysir.

Después de pasar por  el Centro de Visitantes del Parque Nacional de Pingvellir, la guía indicó el inicio del sendero señalizado. Marcó poco más de dos horas para el recorrido y llegada al punto de encuentro.

Comencé la andadura por el interior de la gran falla Almannagjá .  Una vez más, la brutal naturaleza me hizo sentir como una hormiga perdida entre las paredes rocosas. Las  inmensas moles de roca que en su día se resquebrajaron para dividir la tierra   formaron un paisaje sin igual. Después de este suceso, hace millones de años, yo estaba por allí caminando ¡Sorprendente! Mi cámara digital comenzó a captar lo que mis retinas veían y quería que permanecieran tangibles en el recuerdo.

Llegué hasta  el lugar, conocido como el enclave del Alpingi, localizado por la bandera nacional que ondea en un alto mástil.  Fue donde los primeros vikingos noruegos que se asentaron en Islandia decidieron situar el emplazamiento para celebrar su parlamento anual, en el que acordaban las leyes y el gobierno para la isla durante el siguiente año. Ocurrió por primera vez en el año 930 d.C  coincidiendo con el solsticio de verano. Ningún edificio los cobijaba y todas las asambleas, los parlamentos y la toma de decisiones se producían al aire libre.

La verdad es que la combinación entre historia y geología hace de Pingvellir un lugar mágico. El hecho de que los antiguos islandeses escogieran justo el lugar que separa Norteamérica de Europa para celebrar sus parlamentos puede resultar enigmático, puesto que la teoría de las placas tectónica no se describió hasta 1960. Sin embargo, desde siempre se han sentido temblores y pequeños terremotos en este emplazamiento. ¿Sabían los antiguos habitantes de las propiedades especiales de Pingvellir? Aún sigue siendo un enigma.

Aproveché que el camino se estrechaba e  intenté poner un pie a cada lado, imposible.  Así que hice un viaje de ida y vuelta, crucé el pequeño puente que une, como en un abrazo, a los dos continentes. Como dato curioso, las placas continentales de Eurasia y América se alejan la una de la otra unos 2 cm. al año.  Este lugar atesora espectaculares fisuras, estanques y ríos, incluida la gran grieta. El río Öxará corta la placa occidental y se precipita en una serie de cascadas.

Disfruté caminando por los senderos en Pingvellir, de su antiguo Parlamento del siglo X, y recorrí  parte de la falla entre las dos grandes placas tectónicas. Era un lugar sobrecogedor, donde imaginé  sentir bajos mis pies el movimiento de la tierra y su magia envolvía mis sentidos.

De nuevo en carretera y llegamos al Gran Geysir, este fenómeno natural ha dado nombre a todos los otros géiseres. Descubierto en la región geotermal de Haukadalur. Es probable que lleve activo 800 años, pero pasa por periodos de baja actividad. No logré verlo en acción. A poca distancia, unos 400 metros se hallaba el más activo actualmente, conocido por Strokkur, funcionaba con la precisión de un reloj suizo y  cada 7 minutos, aproximadamente, expulsaba con fuerza  desde las entrañas de la tierra el chorro de agua caliente  de 15 a 30 metros de altura. Boquiabierta me  quedé al escuchar su estruendo propulsor. En una de sus apariciones conseguí la foto deseada.  El olor a azufre, más característico como a huevo podrido,  invadía el ambiente y se fijaba en la piel y la ropa. Un perfume poco embriagador.

Por los alrededores surgían otros pequeños orificios de los que emanaban vapores sulfurosos, la tierra fangosa y el agua hervía a borbotones. Fue otro  de los fenómenos más asombroso que  pude contemplar, atónita ante tanta belleza.  En Islandia se pueden ver más de 600 géiseres repartidos por la isla.

Al otro lado de la carretera,  junto al parking,  un pequeño hotel y un enorme centro comercial y cafetería. Aproveché para comprar algunos souvenirs y tomar un café.

La última visita fue a  Gullfos – “Catarata Dorada”- Se encuentra situada en el cañón del río Hvitá.  Es una espectacular catarata doble, la caída de 32 m,  repartida en dos tramos, el superior de 11 m y el inferior de 21 m.  Sortea las rocas antes de precipitarse por un estrecho barranco. Es la más famosa de Islandia. Visitadas desde el año 1.875 estuvieron a punto de desaparecer para construir una presa en el río Hvitá. El propietario de las tierras que la circundaban se negó a venderlas. En 1.975 fueron cedidas a la nación y desde entonces es una reserva natural.

Un pequeño camino asfaltado conducía hasta un mirador sobre las cascadas. La panorámica era maravillosa. De forma compulsiva, no dejaba de disparar fotografías. El agua en su caída se convertía en una espesa neblina e impregnaba mi ropa. El suelo rocoso, húmedo, hacía que midiera mis pasos, aun así me atreví a bajar el tramo de escaleras y el sendero que llegaba hasta el borde del agua. Allí la perspectiva y las vistas eran increíbles, sobre todo la visión de la catarata cayendo sobre la grieta  Sentí un subidón de adrenalina ante tal atrevimiento, pero el ruido atronador de las aguas me atraía de forma fascinante. Una belleza impactante. Ni siquiera me daba cuenta de que  estaba empapada desde la cabeza a los pies. De esta guisa, regresé al punto de encuentro.

Después del almuerzo, el regreso a Reykjavik. Un día que viví muy intensamente y aún me aguardaban más sorpresas. Las que compartiré con vosotros.

Por fin realicé uno de mis sueños: Viajé a Islandia, en el verano de 2.016.