Archivos Mensuales: mayo 2017

Devoción y tradiciones en la Romería del Rocío

Ayer martes y hoy miércoles, los dos últimos días de mayo, las hermandades rocieras existentes en Sevilla han emprendido el camino hacia la aldea de El Rocío. Una cita anual  ineludible para aquellas personas con  espíritu rociero y devocional hacia la Virgen del Rocío.

Durante días, miles de peregrinos abandonan su ciudad en busca del camino que los lleve frente a frente a la Reina de las Marismas, la Virgen del Rocío, en la provincia de Huelva.

El Rocío es devoción y color. Una mezcla de sentimientos que van en procesión y se notan en las caras de sus peregrinos. Cortejos de carrozas que avanzan por los más singulares caminos de Andalucía y de otros lugares de España. Un punto de encuentro de lo que es la mayor peregrinación de España. Una meta fija en la mente de los peregrinos: llegar hasta la Ermita de la Virgen del Rocío para postrarse a sus pies y rezar sus plegarias.

El camino del Rocío es muy simbólico en esta Romería, se convive en hermandad, se canta, se baila, se reza, se producen un cúmulo de emociones difíciles de explicar, la admirable lucha constante de los peregrinos de a pie, el camino, en general, da unas vivencias y estampas que son interesantes de conocer y de experimentar alguna vez.

Una vivencia de sentimientos a flor de piel que se incrementa con sensaciones sonoras, la de la flauta y el tamboril, la de los cantes por sevillanas y rumbas que al ritmo de palmas y guitarras se hacen plegaria y ansío en las noches de acampadas junto a la Carreta del Simpecado.

Aunque se dice que “El Rocío es el camino”, los días “grandes” son el fin de semana, destacando la madrugada del Domingo al Lunes de Pentecostés, que es cuando la Virgen se reencuentra con sus fieles en una procesión que comienza con el espectacular “salto de la reja” y termina bien entrado el día encomendándose a la Blanca Paloma hasta el año siguiente.

El origen del arte de la topiaria

¿Qué es la Topiaria? Tal vez, muchos de vosotros  nunca la han oído nombrar, como me pasó a mí cuando la escuché por primera vez. La topiaria es un arte que se usa en la jardinería que consiste en la práctica de dar distintas formas artísticas a las plantas y arbustos. En mi reciente viaje a China, en las ciudades  visitadas he tenido la oportunidad de contemplar verdaderas maravillas realizadas con esta técnica. Están instaladas en las grandes rotondas, en los jardines que bordean las anchas avenidas y pequeños parques que surgen  por doquier. Considero que es un auténtico arte de escultura viva.

Se pueden  distinguir dos estilos bien diferenciados en esta técnica:

– Topiaria geométrica: en la que se persiguen resultados de líneas rectas o curvas perfectas

– Topiaria natural: el resultado son formas naturales y figuras de animales

La decoración de jardines a base de recortar plantas aparece documentado por primera vez en la Roma clásica, Plinio el Viejo lo detalla en su “Historia Natural”, y su sobrino Plinio el Joven describe en una carta las figuras que daban forma a los arbustos de una villa toscana. El término deriva de la palabra latina topiarius, que designaba a los “creadores de lugares” o jardineros ornamentales.

Como tantas otras herencias romanas, la topiaria resucitó en el Renacimiento italiano y enseguida se esparció por toda Europa. Alcanza su punto culminante en 1662 con André Le Nôtre, diseñador de los jardines de Versalles, que dará a las plantas, en especial al boj,  formas cónicas y piramidales. Desde entonces, cunden las figuras geométricas y de animales en muchos de los jardines palaciegos. Al mismo tiempo, este arte se desarrolló en Asia, donde se trató más de estilizar la planta para darle una forma específica, tal y como queda reflejado en los bonsáis japoneses o el penjing chino (Paisaje en maceta).

Las tendencias de los jardines ingleses, que añadirían perfiles más redondeados e imaginativos a los patrones de los jardines de Versalles, serían los que se impondrían en el siglo XX en todo el mundo. Y hoy permanecen, a la vez que se dan alas aún más libres, a la fantasía a través de los años que se precisan para dar la forma deseada a las plantas habituales en este arte. Las especies más comunes son el boj, el tejo, el acebo, el ciprés o el laurel, todos ellos con un crecimiento compacto y un tipo de hoja pequeña.

Para dar la forma deseada a una planta se necesitan, normalmente, unos cuantos años de intervenciones. Consiste entre otras técnicas, en utilizar muelles y armazones metálicos para guiar el crecimiento de la planta y darle la forma que de otro modo no se podrían conseguir.

Lo más importante durante el crecimiento de la planta es la poda. Hay que recortar regularmente los brotes que sobrepasen el perfil establecido. Este tipo de poda es muy característico en los jardines geométricos y sobre todo en las figuras de animales u objetos.

Son muchos los espacios públicos y privados donde admirar el arte de la topiaria. Destacados en Europa son numerosos los jardines como Tupiary Garden, en Leven Hall (Reino Unido) el más antiguo y extenso del mundo, creado en el año 1.690.  En Italia, Villa Lante y Giardino Giusti. En Bélgica, Parc des Topiares. En España un buen ejemplo es el perro diseñado por Jeff Komms, delante del Museo Guggenheim, de Bilbao y las figuras que decoran la calle principal de Losar de la Vera (Cáceres). En China, en cada ciudad cuenta con los virtuosos jardines Mosaiculture, en Ecuador, el cementerio de topiaria de Tulkcán.

En Manipur, la India, se encuentra el Samban-Lei Sekpil, es la obra de topiaria más grande del mundo. Tiene el certificado del Libro Guinnes de los Records desde 1.992. Mide más de 18 metros. Tiene la forma de varios paraguas abiertos.

En San Martin de Valdeiglesias, a 75 Km. De Madrid, se encuentra un jardín botánico, El Bosque Encantado, con más de 500 especies de plantas y figuras creadas en el arte de la topiaria.

Si te gusta la jardinería, aún estás a tiempo de iniciar un  curso  en el arte de la topiaria.

 

La India, no es un viaje cualquiera

Cuando decidí viajar por primera vez a la India se me presentó un difícil dilema, son veintinueve estados: ¿A cuál debería ir? Seguí el consejo de una amiga viajera y al fin me decidí por los estados de Rajasthan y una parte de Uttar Pradesh. Como siempre suelo hacer, recabé toda la información sobre los lugares a visitar. En este post trataré de reflejar algunas de mis impresiones sobre este país para aquellas personas que tengan en mente visitarlo. Sólo aconsejo de que no es un viaje cualquiera.

Según pones un pie en la India alucinas, y este estado de perplejidad se mantiene intacto durante mucho, mucho tiempo. Nada de lo que conoces se aproxima lo más mínimo a lo que se puede experimentar en este vasto país. A pesar de los libros, revistas, documentales que has escudriñado, la experiencia personal superará ampliamente, no a la ficción, sino a la más mínima información de la realidad ajena.

No existe parangón para viajar a la India, cada rincón de este país merece ser admirado. Todo me sorprendió, todo es distinto, nuevo y peculiar. No se puede utilizar nuestra cultura como medio de contraste para intentar asimilar lo que se está viendo, es un error y puede desconcertarte. No. La India no se visita, se vive. Es necesario eliminar nuestro referente cultural y, sobre todo, abrir nuestra mente, de esta forma comienzas a valorar a la India en su justa medida. No se trata de ponerse una coraza y recorrer este país como si fueras una simple espectadora. Tampoco  quedarte impresionada por sus magníficos templos, ni tan siquiera admirar sus palacios. Es tan abrumadora que exige conocerla a fondo de antemano, es fundamental recabar información de los lugares a visitar antes de iniciar el viaje, o cualquier destino que se elija en el mapa. Considero que es primordial para proyectar un viaje hacer hincapié en la  obtención de conocimientos que abarquen desde la cultura, las costumbres tradicionales, religiones mayoritarias hasta la  gastronomía.

Existen infinitas posibilidades de conocer la India, según tus preferencias particulares, pero es un vasto país tan distinto a lo que estamos acostumbrados que requiere una aptitud abierta, mucha calma y ninguna prisa. Ningún otro país consigue sacarte de  la rutina como éste. La India lo tiene absolutamente todo. Las posibilidades que ofrece a las personas viajeras son infinitas: monumentos, historia, naturaleza, sólo se trata de ajustar cada gusto a las posibilidades que nos ofrece.

La primera impresión puede llegar a ser “desagradable”: con basuras por las calles, ruidosas por el tráfico, incluso agobiante. En cada paso que avances, en cada calle que conozcas, en cada templo, fortaleza o ciudad que visite  y, sobre todo, dejará de ser exótica para convertirse en mágica; dejará de ser contradictoria para convertirse en compleja; anecdótica en profunda; decadente en coherente y nunca más volverá a ser desconocida, sino misteriosa. Si te detienes en una esquina o te sientas en una terraza observarás que a la gente le encanta conocerte,  de dónde vienes, por tu familia y un sinfín de preguntas curiosas. Los occidentales les llaman poderosamente la atención, sobre todo si viaja una mujer sola.

En la India, las ciudades se caracterizan por la masificación generalizada, la frenética actividad de su población y por un concepto de “vía pública” muy distinto al occidental. La mayoría son núcleos urbanos antiquísimos cuyo desarrollo parece del todo espontáneo, aunque conservan un sello distintivo que las hace únicas e irrepetibles.

La cultura india se caracteriza por una espiritualidad que marca el quehacer cotidiano de sus habitantes. Las religiones son auténticas filosofías de vida que dirigen las labores diarias de sus gentes, de sus relaciones personales y la organización social aún mantiene los conceptos básicos de hace miles de años. Pero esa forma distinta de ver las cosas es sólo el principio. Después combinas sus olores y colores, con el carácter encantador y amistoso de su gente, con sus tradiciones y leyendas de dioses y demonios, reyes y campesinos que empiezan a envolverte sin darte cuenta; con sus muchas y magníficas obras arquitectónicas, sus abigarrados mercadillos, su bello y cambiante paisaje. Todo ello, será imposible que lo olvide en mucho tiempo.

El viaje es una actividad abierta compuesta por infinitas dosis de novedad. La más exquisita planificación no impide la sorpresa constante. Todo es distinto, original, espontáneo e irrepetible. Sabemos qué vamos a visitar, pero no tenemos ni idea de lo que vamos a vivir. Nada es conocido y súbitamente todo nos llama la atención. Es la primera vez que apreciamos esos rostros, esos vestidos, esos edificios, palpamos una historia que corría paralela a la nuestra.

Hoy en día, cuando vemos cómo es el mundo desde el espacio, no podemos asegurar que conocemos nuestro propio planeta si no hemos viajado antes a la India.