Archivos Mensuales: octubre 2016

Anotaciones curiosas sobre el Rosario de la Aurora

Costumbres y Tradiciones de Sevilla.

Es Octubre, el mes tradicional para las celebraciones de numerosas procesiones de veneradas  imágenes que, bajo  la advocación al Santo Rosario, recorrerán las calles de los barrios de Sevilla. Muchos  son los nombres que designan a la Madre de Dios en esta tierra declarada tan marianista. En el Calendario de Gloria de nuestra ciudad surgen algunos como Rocío, Pastora, Inmaculada, Carmen, Reyes, pero entre todas ellas, hay  una especial mención a la Virgen del Rosario.

La devoción de rezar los rosarios públicos o callejeros surgió de manera específica en Sevilla. El primer Rosario público como tal, plenamente documentado, espontáneo y sin insignia alguna, fue el de los feligreses de la parroquia de San Bartolomé un 17 de junio de 1690 y en torno a la imagen de Nuestra Señora de la Alegría, la patrona del barrio y que contaba con una hermandad, que posteriormente se encargaría de la organización formal de los Rosarios de otras feligresías.

Rápidamente, se extendió al resto de España. Según la tradición se le llamaba el Rosario de la Aurora, aunque  también se celebraban en horas vespertinas.

[…El Rosario de la Aurora, homenaje propio de la Stella Matutina, comienza en los tiempos de Carlos II. La popularidad de rezar los rosarios en España data, probablemente, del siglo XVII… Aun cuando en el siglo XIV se instituyó el rezo del Ave María y en el XV en Sevilla  bajo los auspicios de Don Fernando I, de Antequera, se fundó una orden militar bajo la advocación de Nuestra Señora de la Antigua… Esta imagen ya era venerada en Sevilla durante el reinado del rey Fernando III el Santo, y los nobles caballeros de la época estaban obligados a rezar un rosario de Páter Noster y Ave María cada día…]

Lo cierto es que no se tiene noticia de que salieran en cotidiana procesión hasta el año 1.647 o más bien 1.690, como parece desprenderse de la curiosa leyenda inscrita en el exterior del muro que rodea el Patio de los Naranjos, donde aún existe la antigua capilla, conocida como de la Virgen de la Antigua, en la zona conocida como las Gradas (actualmente calle Alemanes) perteneciente  a la antiquísima hermandad que sustituyó, según la tradición, a aquella Orden caballeresca.

La Leyenda dice así:

“Para mayor Honra é Gloria de Dios nuestro Señor é de María Santísima de la Antigua, dieron principio á salir en público los dos Rosarios, el de prima noche é el de Madrugada (de la Aurora) en el año de 1.690: el de prima noche, en 27 de Agosto; el de Madrugada, á 7 de Diciembre; siendo sus fundadores D. Fernando Liberal, D. Sebastián Santa María é D. Manuel Liberal; sin aber escaesido su devoción en ningún tiempo, y á los que asistieses á dichos Rosarios están consedidas inumerables indulgencias por los Arzobispos de esta Ciudad.”

El  carismático predicador Fray Isidoro de Sevilla en el año 1.703 deja perfectamente establecido el orden y composición de estos Rosarios de la Aurora, con la particularidad de introducir una nueva iconografía mariana: la Divina Pastora de las Almas que colocó en el estandarte que presidía la comitiva.

[… A  aquellas altas horas de la noche sólo a los hombres les era permitido entregarse a tan religiosa devoción… Se dividían los devotos en dos filas, abriendo la marcha las farolas de mano e inmediatamente seguida por las de asta y luceros. A la cabeza se alzaba la Cruz de carey y plata. Cerraba la comitiva un estandarte con la imagen de la Virgen romeria_sallurtegui_6María y numerosos acompañantes portando farolas. El cortejo desfilaba por las calles de los alrededores  del punto de partida… A la medianoche una cuadrilla de hombres devotos – llamados popularmente los Auroros- comenzaba  a llamar a los vecinos con cánticos y campanadas y les invitaban a incorporarse a la procesión.  Los devotos  alternaban  los rezos con cantos y coplas, entonándose el Ave María a dos voces y un coro interpretaba  cada misterio con letras alusivas al tema…]

Las Coplas de los Rosarios de la Aurora se remontan a los años finales del siglo XVII, adquiriendo sus características más genuinas en los siglos XIX y primer tercio del XX con las denominadas de campanillas o campanilleros.

Antiguamente los rosarios contaban con un cantor que entonaba las coplas, al que acompañaban, amén de los devotos, un coro infantil para las avemarías y diversos instrumentos: violines, oboes, bajón… Estos instrumentos ya se constatan en 1691 en medio de cierta controversia, pues algunos concebían su inclusión como irreverencia. Hay que distinguir entre las coplas propiamente del Rosario que glosaban los Misterios, se referían a alguna festividad especial o bien a las ánimas en noviembre y “las campanillas” que, como su propio nombre indica, eran tocadas por los “avisadores” para convocar al vecindario al Santo Rosario y solicitar limosnas.

Las Coplas, muy características, acompañadas del sonido de una esquila que creaba el compás.

En cuanto  a las mujeres quedaron relegadas de este uso devocional en el año 1.730 -debido a las prevenciones propias de la época – sobre todo si como ocurría con los Rosarios de la Aurora que se desarrollaban de noche. Debido a los impedimentos existentes decidieron celebrarlo en sus domicilios, o bien, divididas en grupos se reunían en el interior de un vehículo para rezarlo a coro y realizando diversas estaciones. No obstante, la inquietud era latente y de hecho se organizaron algunos Rosarios adscritos a congregaciones masculinas. Tuvo que ser  un fraile dominico, Fray Pedro Vázquez Tinoco, el que promovió el primer Rosario de Mujeres en Sevilla, concretamente en la Iglesia de Santa Cruz. Seguidamente se agregaron veinticuatro más.

Esta iniciativa suscitó una gran diversidad de opiniones en Sevilla. Fueron muchos quienes la criticaron abiertamente o a través de letrillas burlescas amparadas en el anonimato. No faltaron tampoco decididos defensores. El uso perseveró y adquirió una notable expansión, bien de manera autónoma, o bien continuando en la dependencia de Rosarios de Hombres o de la entidad que los patrocinaba. Por ejemplo, en la Iglesia de Santa Catalina, formaba una congregación con una gran autonomía de la Hermandad del Rosario, lo mismo ocurría en la Parroquia del Sagrario o en la Hermandad de los Negritos.

A contar desde este punto, ya podemos asegurar que el Rosario de la Aurora era muy popular en Sevilla; y no hay riesgo en añadir que más todavía que en otras ciudades de España.

 

Bibliografía:” La tierra de María Santísima”, de Benito Más y Prat (1.925)