Archivos Mensuales: noviembre 2014

Día Internacional de los Derechos del Niño.

article-2536930-0BF04AC100000578-660_634x363[1]El Día Universal del Niño, se celebra todos los años el 20 de Noviembre, es un día dedicado a todos los niños y niñas del mundo.

Naciones Unidas celebra este día en honor a la aprobación de la Declaración de los Derechos del Niño en 1959. El texto final se logró acordar en la Convención sobre los Derechos del Niño, el 20 de noviembre de 1989, cuyo cumplimiento es obligatorio para todos los países que la han firmado.
La Convención sobre los Derechos del Niño en 1989, es el tratado internacional más ratificado de la historia.

Los Cuatro principios fundamentales, como explica UNICEF, describen los derechos infantiles a lo largo de 54 artículos y dos protocolos facultativos o disposiciones adicionales. Los principales son:

1. Los niños no deben sufrir discriminación.

2. El interés del niño debe ser lo más importante cuando se tomen decisiones que le afecten.

3. Todos los niños tienen derecho a la supervivencia y el desarrollo; esto incluye el derecho al bienestar mental y físico.

4. Los niños tienen que expresar sus puntos de vista y siempre tienen que tomarse en consideración sus opiniones en los temas que les afectan.

Este día mundial recuerda que, todos los niños tienen derecho a la salud, la educación y la protección, independientemente del lugar del mundo en el que haya nacido.

Fin del comienzo

 

Bershka_Girls_2-596x444[1]María, Ángela y yo, Rocío, compartíamos un modesto pisito con nuestra amiga Virginia, aunque le llamábamos “la Woolf” por su carácter irascible. Enroladas en esa crisis que vivíamos, era la única que mantenía su puesto de trabajo.

Así, un día tras otro, se levantaba a las seis de la mañana. Tras la ducha, se arreglaba y, como colofón, se tomaba un café. Presurosa, recorría el mismo camino. Al doblar la esquina era absorbida por el agujero del metro. A empujones subía a un vagón de la línea 13. El sueño le invadía como un extraño letargo. Intuitivamente, lograba espabilarse al llegar a la séptima parada. Volvía a la superficie. Como una sonámbula caminaba por las calles de aquél polígono industrial, situado en no sabía dónde. Fichaba a la entrada de ese horrible lugar.

Trabajaba ocho horas empaquetando seis piezas de manzanas, de idéntico calibre. Durante la jornada sólo disponía de tres descansos de 5 minutos cada uno: dos para ir al aseo y otro para comer ese bocadillo preparado la noche anterior. Alrededor de las siete de la tarde regresaba a casa. Charlaba poco, cenaba otro bocadillo y se desplomaba en el sofá a ver cualquier bodrio televisivo. Ni amigos, ni amores le perturbaban. No hacía otra cosa, sólo existir.

Aquella mañana decidió salir a la calle por la ventana del sexto piso puerta F.

Relato de mi libro “Bajo la sombrilla”

La Biblioteca-Hija o El Serapeum. Alejandría (II)

OLYMPUS DIGITAL CAMERAA la muerte de Ptolomeo I Sóter (282 a.C) le sucedió su hijo Ptolomeo II Filadelfo, que siguió con la obra de su padre; durante su reinado la Gran Biblioteca Alejandrina llegó a alcanzar su mayor esplendor.
La Dinastía continuó (246-221 a.C) y Ptolomeo III Evergetes siguió con la obra de su abuelo. Creo una segunda Biblioteca-Hija en el santuario dedicado al dios Serapis, llamado El Serapeum. Estaba situado en una colina más alejada del mar, en el Suroeste de la ciudad, en el barrio Rakotis. Mandó construir una ampliación subterránea para albergar los libros que apenas tenían cabida en la Gran Biblioteca.

Durante siglos estos lugares fueron el cerebro y la gloria de la mayor ciudad del mundo, 800px-The_Serapeum_of_Alexandria_(X)[1]Alejandría. El primer Instituto de Investigación, dónde existió comunidades de eruditos que exploraban la Física, la Medicina, la Astronomía, la Geografía, las Matemáticas, la Ingeniera, la Filosofía. Entre los que se hallaban Eratóstenes, Eristrato, Hiparco, Euclides, Dionisio de Tracia,Herófilo, Herón de Alejandría, Eudoxo de Cnido,Cleanto, Galeno, Diocles, Apolonio de Pérgamo, Arquímedes, Tolomeo (que no pertenecía a la realeza) y tantos otros.

Entre estos grandes hombres también hubo una gran mujer, llamada Hipatia (370-415 d.C) En aquella época las mujeres disponían de pocas opciones, sin embargo, ella trabajó libremente y sin afectación por los dominios masculinos. Era Jefe de la Escuela Neoplátonica de Filosofía, Matemáticas y Astronomía. Fue asesinada por las turbas fanáticas del Arzobispo Cirilo de Alejandría.

800px-Alexandria_-_Pompey's_Pillar_-_view_of_ruins[1]Desde su creación, aproximadamente en el 306 a.C. hasta el 641 d.C. estos monumentos sufrieron varios percances, entre los que cabe destacar el fuego del año 48 a.C. durante el enfrentamiento naval de las tropas egipcias contra las de Julio César. El incendio alcanzó el Puerto y la ciudad, ardiendo parte de la Gran Biblioteca que estaba situada en el malecón. Posiblemente, fueron 50.000 rollos los que se perdieron. Estaban depositados en los almacenes (apotheka) del Puerto a la espera de ser catalogados.
También hay que añadir la quema de los libros de Alquimia ordenada por el Emperador Diocleciano (243-313 d.C)

Más tarde, el Museo fue destruido junto con el Palacio Real en el siglo III d.C. durante las disputas por el poder entre el Imperio Romano.
Según los investigadores, el Decreto del Emperador Teodosio I el Grande (379-395 d.C.) 800px-The_Serapeum_of_Alexandria_(III)[1]mandó cerrar los templos paganos y la destrucción de los libros considerados como maléficos.

La Biblioteca-Hija y El Serapeum resistieron hasta finales del siglo IV d.C. Por orden de Teófilo, Patriarca de Alejandría, fueron saqueados y destruidos por una turba de enfurecidos cristianos.
La destrucción definitiva, sucedió tras la toma de la ciudad por los árabes en el siglo VII d.C.

La antigua Real Biblioteca de Alejandría murió realmente cuando el espíritu que la infundió se apagó. Fue el fin de la Era Escolástica de Alejandría.

Hasta nuestros días, tan sólo existen unos corredores de lo que fue la Biblioteca-Hija en El 470px-The_Serapeum_of_Alexandria_(VIII)[1]Serapeum. En este lugar fue levantada, y aún está, la llamada, por error, Columna de Pompeyo. En realidad corresponde al Emperador Diocleciano.

En mi recopilación de datos para este viaje, obtuve referencias de este lugar y mi interés, a la vez que la curiosidad, aumentaron cuando me informé de que podría visitarlo. Aunque, una parte se hallaba en plena restauración, me resultó bastante complicado poder acceder a estos antiguos restos de la Biblioteca-Hija. Gracias a la colaboración de un vigilante, y unas cuantas Libras egipcias, pude contemplar este enigmático lugar.

En el lado oeste de la Columna de Dioclesiano, a unos metros por debajo del nivel del suelo actual,  una destartalada escalera se adentraba en el interior de la tierra. Ascendí despacio.  Después, inicié el leve descenso que conducía hasta dos de las galerías alejandria_serapeum046[1]excavadas en la roca. Menos mal que no padecía de claustrofobia. Siguiendo los pasos del vigilante que me acompañaba, recorrí los angostos corredores apenas iluminados; el fuerte olor a humedad y la falta AlexSarapeionCatacombs[1]de oxigeno hacía penoso el caminar. La adrenalina invadía mi organismo y la inquietud me apremiaba. Mis ojos escudriñaban cada rincón.

Aún se podía apreciar las oquedades que ocupaban los armarios murales, tal y comoalejandria_serapeum045[1]P1130783 demostraron los papiros encontrados en los huecos.

Este lúgubre lugar me impactó lo suficiente cómo para recordarlo siempre.  Hoy día, existen opiniones de los investigadores que discrepan sobre este emplazamiento.

A pesar de todo, mereció la pena conocer estos lugares dónde se dieron cita los mejores eruditos de aquellas épocas. Hasta nuestros días han llegado sus testimonios de sabiduría para el bien de la Humanidad.

Continuará.