Archivos Mensuales: junio 2014

Capri, un paraíso en el Mediterráneo

Capri-30[1] Una moneda y un deseo. Así fue como el majestuoso dios Neptuno, de la “Fontana di Trevi”, me concedió la dicha: volver a Italia. Aunque se visitara este país durante toda una vida no se agotarían los encantos que nos ofrece. Por su forma inconfundible, es uno de los países más fácilmente reconocible en el mapa: la larga península se adentra por el sur hacia el Mediterráneo. En éste, mi segundo viaje, orienté el itinerario hacia ese punto: la aventura del viaje se convierte en una forma privilegiada de descifrar el lugar que se visita.

I-Capri11[1]Situada en el Este, en la parte inferior de la “bota” se encuentra el Golfo de Nápoles, la meta propuesta para poder cumplir un anhelado encuentro. Pequeñas islas emergen del mar como vigilantes perpetuos de su extenso litoral, sólo una era la elegida: Capri.
Desde el Puerto de Nápoles, tras una agradable travesía llegué a la isla, la más célebre y visitada del Golfo. Tan sólo mide 6 km de largo y 2,7 Km de ancho. Además de la belleza de su entorno, las leyendas y mitos la envuelven en un halo de misterio.

Los lugareños cuentan que, una vez fue el legendario refugio de las sirenas. Su canto hechizaba a los marineros conduciéndoles a la perdición, encallando las naves en los arrecifes. Por otro lado, la mitología griega refiere que “las sirenas viven en una isla del Mare Nostrum”, y se situó el lugar en el que ahora es conocido como “El escollo de las Sirenas”.
Otra referencia la encontramos en “La Odisea” de Homero, que relata las aventuras del héroe griego Ulises durante su viaje de regreso a Itaca, tiene que pasar por esta isla. “Para protegerse del canto de estos seres, Ulises se tapó con cera los oídos y se hizo encadenargruta-azul-capri-300x199[1] al mástil de la nave…”
Como dato curioso, Kafka escribió un cuento titulado “El silencio de las sirenas”, que trata sobre el método que utilizó Ulises.

Viajar a Capri es hacer un doble viaje, vertical al asomarse a sus vertiginosos “Farallones” o viajar en el tiempo sin necesidad de moverse del lugar, a través de las culturas arraigadas en la isla. Así, se amontonan las huellas del pasado, como dijo la escritora Margarita Yourcenar: el tiempo, ese gran escultor. En la isla son pocos e ineludibles los lugares a visitar, en este caso destacaré los que más me impresionaron.

Hacia mediados del siglo XIX empezaron a llegar visitantes atraídos por el clima y la hospitalidad de sus habitantes. Inevitablemente a sus dos poblaciones principales: Capri y su rival Anacapri, situada monte arriba. Una larga lista de personajes del cine, políticos, Capri-Selects-72[1]pintores, intelectuales, escritores y algún que otro exiliado, eligió la isla como residencia habitual o temporal, y testimoniaron sobre la belleza del paisaje. Sin embargo, Goethe proclamaba “que era un peñasco sin mayor interés”.
Existen dos puertos: Marina Grande y Marina Piccola. Como anécdota: transcurría el año 1.862, el escritor francés Maxime du Camp, hizo una descripción del primero y lo definió “como una pequeña playa, llena de piedras, abarrotada de barcas. Como no había embarcadero, las personas que llegaban eran llevadas a hombro por los marineros…” En 1.928 se construyó el primer malecón.
Hoy día es un pintoresco puerto. En la Piazza Vittoria se alinean, frente al mar, las características casas capriotas, típicas por sus terrazas, balcones y galerías con tiestos de flores. El diverso decorado de las fachadas, de las que resaltan el “rojo pompeyano”, dan un especial toque de color al paisaje. Sobre la grava de la playa reposan decenas deMarina-Piccola-Capri-280x300[1] barcas multicolores y, otras, ancladas cerca de la orilla, mecidas por las olas.
El paseo alrededor de la isla es agradable si el mar está en calma. Tuve suerte. La costa está formada por altos acantilados de roca calcárea con hendiduras y cuevas. Algunas zonas están cubiertas por una vegetación autóctona, como contraste, el mar de un azul intenso. Pasada la Punta de Gramola se llega a la “Grotta Azzurra” (Gruta Azul). El estado del mar y la tempestiva hora fueron las mejores aliadas. A veces no se puede realizar esta excursión por el oleaje o en la pleamar.

Conocida desde hace mucho tiempo por los pescadores de la zona, en realidad fue “redescubierta” en 1.826 por el poeta Augustu Kopisch y el pintor Ernest Fries. Posteriormente, investigaciones realizadas revelaron que el emperador Tiberio, en el año 30 d.C. había construido un muelle en la cueva y un ninfeo, templo consagrado a las villa-san-michele_12_g1-300x200[1]ninfas, divinidades secundarias. Hallaron restos arqueológicos que fueron extraídos del lecho marino y aún puede verse el embarcadero romano. La entrada a la gruta es difícil, la oquedad tiene 1,30 m. de altura, por lo que hay que transbordar a pequeños botes de remos. Éstos son remolcados hacia el interior con ayuda de una cadena. Al entrar hay que tener cuidado con los golpes en la cabeza.

La oscuridad prevalece en el interior, sólo se escuchaba el chapoteo de los remos. Después, poco a poco, descubrí un espectáculo fascinante. Las paredes de la cueva, el agua, la misma barca y los compañeros parecían irradiar una fulgurante luz. Todos los rincones estaban iluminados por un azul turquesa, ora hacia otro lado es aguamarina. En el techo se transformaba en color zafiro. No pude evitar la tentación de tocar el agua con la mano, parecía celeste como el cielo. Todos estos elementos crean un ambiente de mágica seducción. Según el razonamiento que nos explicó el guía a este fenómeno, viene determinada por los reflejos azules de la refracción de la luz solar que penetra por la angosta entrada, y la extraordinaria transparencia azul cobalto se debe a la luz que se difumina bajo el espejo de las aguas, y que se filtra a través de otra abertura submarina. Fue una hermosa experiencia e inolvidable.

Se reinició el recorrido marítimo. Una procesión de barcas similares nos acompañaba.piazzetta_capri-300x227[1] Eran conducidas con gran presteza, a una velocidad que más bien parecía una competición deportiva entre los barqueros. Era divertido. Se avistan muchas cuevas que no son accesibles, otras tantas, como la Cueva de los Santos, La Cueva Roja, Cueva Matermanía, Cueva Verde, son visitables. El barquero chapurreando un poco de español, trataba de convencernos de que eran los refugios de las sirenas, y a medianoche salían al encuentro de los pescadores. Pasada la Punta de Tragara, contemplé los “Farallones”, los tres enigmáticos colosos de roca que emergen de las profundidades. Debido a la erosión de las aguas y el viento se han abierto fisuras, cavidades y bellísimos arcos. Estas formaciones superan los 100 metros de altura, algunas gaviotas se atreven a revolotear por sus cimas. Sobre un abrupto acantilado que se adentra al mar, puede contemplarse la espectacular casa que se hizo construir el escritor Curzio Malaparte, el cual al describirla, la definía como “una casa como yo”.
Tras una ansiosa espera, la barca pasó bajo el arco natural del “Farallón del Mezo, o de Stella”, que dejé inmortalizado en fotos. Es la imagen más divulgada de Capri. Pasada la Cueva del Buey marino, desembarcamos en el punto de partida. Acordé con el guía la hora de salida del ferry. Desde aquí inicié el recorrido por la isla. En la Plazzoleta Vittoria se encuentra la estación del funicular que lleva hasta el pueblo.
photo_itineraries_capri_piazzetta[1]Capri: ya me encontraba en el lugar soñado. Pintoresca y cosmopolita. En la Piazzeta, o Piazza de Umberto I, escaparte al aire libre, corazón de la ciudad, conserva su singular arquitectura y el trazado urbanístico de una ciudad donde apenas hay tráfico rodado. En contraste, las lujosas tiendas, joyerías, boutiques, restaurantes y hoteles. Desde aquí confluyen las principales calles comerciales y punto de partida hacia los lugares de interés, que suelen ser recorridos peatonales. Cerca de la Piazza, subiendo la empinada cuesta, contemplé por primera vez la belleza que rodea la isla.
Dos son los barrios que dividen al pueblo. El medieval o llamado La Boffe debido a la arquitectura de las casas pequeñas con patios cerrados, algunos contiguos y atravesados por las sinuosas callejuelas. Estrechos callejones empedrados, cubiertos de bóvedas que se podían cerrar fácilmente para defenderse de los ataques piratas. Además cuenta con viejas iglesias, hermosas mansiones y edificios colindantes del siglo XVII.
Deambulando por las calles, me llamó la atención la fachada de una casa pintada de rojo, que lucía una placa conmemorativa. Decía algo así: “En esta casa en marzo de 1.909 a febrero de 1.911 vivió el escritor ruso Maximo Gorki…”. Al final añadía que Lenin también le visitó. Quedé un poco perpleja.

Mis pasos me llevaron hasta un lugar con encanto, el rellano de Belvedere, o Plazoleta de los Pintores. Es uno de los miradores que más me impresionó por la espectacular panorámica que ofrece. Se puede admirar el conjunto formado los Farallones, el Escollo de las Sirenas y Los Jardines de Augusto. Pasear por Capri era una delicia, percibía la sensación de que la isla estaba llena de vida e irradiaba energía: el ambiente, la luz y sus colores. Recordé la novela “Los Lotófagos” de Somerset Maugham, supo escoger el mejor escenario para contar la vida del protagonista.
capri (79)[1]Siguiendo la ruta de los miradores, me resultó corto el Paseo de Tragara, enclavado en las rocas, verdaderamente es un jardín colgante sobre el mar. En esta zona de acantilados fijó su residencia, como exiliado, Pablo Neruda junto a Matilde Urrutia. Frente al mar, como a él le gustaba, escribió “Los versos del Capitán” que se publicó como “Anónimo” por motivos políticos. La primera edición fue en Julio de 1.952 con una tirada de 44 ejemplares.

Entre mis apuntes, otro lugar que tenía interés en conocer era “El Parque Filosófico”, desconocía su emplazamiento y cogí un taxi. Apenas había visitantes. Situado en un pequeño bosque, recorrí sus paseos haciendo una especie de zigzag entre arboles, e intenté “leertraducir” algunos de los carteles que recordaban citas filosóficas. Empezando por una antigua inscripción del Delphi sobre una enorme piedra continuando hasta Einstein y otros. Fue curiosa y entretenida la “lectura” sobre los pensamientos de los sabios, rodeada de silencio y tranquilidad. Creo que son 55 ó 60 citas.capri_parco-filosofico[1]

La visita a Anacapri fue fugaz, ya que el tiempo pasa inexorablemente. Me desplacé en taxi hasta la Villa San Michele, construida sobre las ruinas de una villa romana y fue residencia del escritor Axel Munthe. Actualmente está considerada como Museo privado por su colección de esculturas romanas, reunidas por el escritor Desde las ajardinadas terrazas se divisa, a vista de pájaro, unas perspectivas únicas. En un folleto turístico decía del lugar: “Desde estas alturas, la mirada pasa directamente de la tierra al mar, el mar desnudo, desierto, espectral”. Este escritor visitó por primera vez la isla a los 18 años, tanto le fascinó, que residió durante 56 años.

El tiempo de mi estancia tocaba a su fin. Me concedí un último Capri-cho: sentarme en una de las terrazas de los cafés de la Piazzetta para saborear un limoncello, licor típico de la imagesCAJ8Z0KHisla, elaborado bajo el secreto de una antigua receta. Disfruté del aroma a jazmines, azahar y lavanda mezclado con el olor a mar que la suave brisa expandía. Sentía como la felicidad invadía mis cinco sentidos.
La tarde declinaba. Observé como el mar cambiaba de tonalidades. Me iba con una duda ¿sería cierto que las sirenas vivían aquí…?
Desde algún rincón una conocida melodía llegó hasta mis oídos. Presté atención, sí, la recordé, era “Capri c’est fini”. Una bonita despedida y recuerdos que serán inolvidables.

 

La Giralda se engalana

10488621_1403127513310272_1052031911_n[1]

Con motivo de la festividad del Corpus Christi, el Cabildo de la Catedral Metropolitana de Sevilla engalanó la Giralda el pasado jueves, día 19, al coincidir este año la tradicional procesión y la proclamación del Príncipe de Asturias como Rey de España, Felipe VI.

No es la primera vez que la Giralda se hermosea de forma extraordinaria. Durante siglos, la torre ha sido utilizada como el gran mástil de la ciudad para anunciar las celebraciones importantes. Durante esta pasada festividad el campanario mantuvo los tañidos correspondientes a la solemnidad del día.

Los trabajos de instalación comenzaron la tarde del miércoles 18, y consistieron en la colocación de 16 gallardetes bífidos, de 25 metros, con los colores de la Santa Sede, España y Andalucía; 12 gallardetes triangulares, de 8 metros, con los mismos colores; y 20 banderas, el Estandarte Real y las de la Santa Sede, España, Andalucía y la ciudad de Sevilla.

Como curiosidad, se emplearon unos 500 metros cuadrados de tela distribuidos en una organización austera, que será retirada el viernes, día 20.

450px-La_Giralda_engalanada[1]

 

 

Orígenes del Corpus Christi sevillano

26564429[1]La conmemoración anual del Jueves Eucarístico que, como el Santo y el de la Ascensión a los Cielos “relumbran más que el Sol”, según el antiguo dicho popular, aún perdura este acontecimiento histórico en Sevilla. Esta festividad del Corpus Christi fue instituida por el Papa Urbano IV en 1.624, y confirmada por Clemente V en el año 1.311, celebrándose por primera vez en nuestro país hacia 1.319.

corpus sevilla 5[1]Aunque no existen datos concretos sobre esta fiesta enescanear0006a[1] Sevilla, en los últimos años del siglo XIV, según el cronista Gestoso, en los archivos de la Catedral Hispalense hay documentación acreditativa de que en 1.454 se celebraba esta procesión. Como dato curioso en 1.477 desfiló delante del Arca Sacramental la Reina Isabel de Castilla y su séquito. En aquella época, el Cabildo Eclesiástico tenía su sede en el célebre Corral de los Olmos, actualmente el Palacio Arzobispal y la Plaza Virgen de los Reyes.

En la procesión participaban los gremios y oficios, organizándose juegos y danzas. La comitiva se iniciaba con el paso de las carrozas en las que se exhibían alegorías y símbolos. Seguidamente el clero, los beneficiados, las cruces, el Lignum Crucis, las Tablas Alfonsinas y otras reliquias llevadas en andas. El Arca Sacramental, de madera tallada, avanzaba por entre la multitud, a hombros de sacerdotes y escoltada por miembros del Cabildo de la Catedral con capas pluviales blancas. (En el Museo de Bellas Artes de Sevilla se exhiben varios cuadros alusivos a esta época).

Durante el siglo XVI se vio incrementada la procesión en cuanto a los gremios y cofradías. Según la costumbre, salían de sus casas y hospitales con estandartes o las imágenes de sus santos patronos para unirse al cortejo del Corpus. Otra figura alegórica muy conocida aa (2)[1]era “La Tarasca”, monstruo de siete cabezas y cuerpo de serpiente y los Gigantes Cabezudos. Hacia 1.506 se estrenó la primera Custodia, obra del orfebre Juan Alemán. Más tarde, en 1.513 el Cabildo ordenó a los maestros alemanes Nicolás y Marco el labrado de otra que fue entregada siete años después. Era de estilo gótico y se fundió en 1.580 para utilizar su plata en la Custodia que se encargó a Juan Arfe que se estrenó en 1.587. Así mismo, en 1.528 Juan Vozmediano comenzó otra que aún figura en la procesión de nuestros días, se le conoce como la Custodia Chica.

Así llegamos hasta 1.630, según Abad Alonso Sánchez Carrillo, la procesión alcanzó su momento culminante: […Las calles de la ciudad aparecían pobladas de todo lo lindo, hermoso y pulido que tiene Sevilla…] También el célebre, arqueólogo y poeta, Rodrigo Caro, confirmó […El Corpus sevillano lleva el mayor acompañamiento que se ve en España. Y en su demostración de fiesta Sevilla gasta de sus propios seis mil ducados, además de los vecinos que, cada uno gasta en aderezar su pertenencia y parte de la calle que le toca, con colgaduras, altares y otros adornos, tantos y tan grandes que no se parece otra cosa sino telas, terciopelos, damascos, tafetanes bordados y pinturas, estando todas las calles entoldadas de velas y el suelo cubierto de juncia y flores…]

39[1]La Catedral Hispalense celebraba cultos en la fiesta del Corpus, revestían una riqueza litúrgica extraordinaria. Durante la Octava, la Capilla Mayor aparecía alfombrada y llena de flores traídas directamente del cercano Alcázar. La plata, labrada al gusto barroco de la época, se prodigaba y repetía en blandones, ciriales, altares y candeleros. Lujosos paños bordados de oro cubrían o adornaban los púlpitos y capillas.

En el año 1.732, con ocasión de hallarse en Sevilla el rey Felipe V y su familia en los días de la festividad, el exorno de la ciudad alcanzó primores excepcionales. Los arquillos de San Miguel, el de la Casa de la Moneda, el de San Gregorio y el de La Montería fueron36[1] adornados por los gremios de pasamaneros, albañiles y carpinteros, sederos y sastres. A la salida de la calle San Gregorio, frente al balcón donde sus Majestades presenciaban el paso del cortejo, el gremio de los plateros levantó un arco de gran riqueza.

Fue en el año 1.791 cuando salió por primera vez en la procesión sevillana la Custodia de oro que labró cuarenta años antes el orfebre Juan de Zuluaga y que fue terminada por Mateo Medina. Unos años más tarde, en 1.798 fueron requeridos a los Cabildos de Catedrales recursos para financiar la guerra contra Portugal y el de Sevilla ofreció diez millones de reales en préstamo reintegrable, la Custodia de oro y otras alhajas fueron vendidas. Por la obra de Mateo Medina se pagaron 1.203.413 reales de vellón y se fundió en la Casa de la Moneda.

Durante el siglo XIX decayó bastante la festividad del Corpus Christi. De aquel gran desfile de imágenes que formaban la comitiva, apenas quedan seis o siete pasos y las dos Custodias que, actualmente, desfilan en tan señalado Jueves.

Recital poético “Eros y el sentir fotográfico”

 

El pasado miércoles 4 de Junio de 2.014 la veterana Institución “Las Noches del Baratillo” y el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, en colaboración con el colectivo “Creatividad Fotográfica” celebró en el Salón de Actos, como cada año en primavera, el Recital Poético sobre Eros.
20140604_195526[1]Fue presentado y dirigido por D. José Luis González Cáceres, Presidente de la Inst. Noches del Baratillo y la Srta. Sara Bueno, poeta y estudiante.

Tras las palabras de presentación, agradeció al Presidente del Círculo Mercantil, Sr. Práxedes Sánchez y al grupo poético La Almazara, de Dos Hermanas, por su asistencia. Le siguió el Prólogo de D. Francisco Rodríguez Pérez, en representación de “Creatividad Fotográfica”.

Seguidamente, la cantante Isabel Lebrero acompañada por la guitarra de Kamil Urbanski interpretó la letra elaborada por José Luis G. Cáceres, el cante del Zorongo, tan lorquiano, titulado “Zorongo del amor sentido”. Actuación que fue muy aplaudida por el público asistente.
A continuación, divididos por grupos, comenzó la ronda de poetas, compañeros de Noches del Baratillo y amigos invitados, que recitaron sus poemas eróticos.

Entre las actuaciones de los rapsodas, se proyectaron imágenes extraídas del reportaje fotográfico realizado por el colectivo “Creatividad Fotográfica”, en su estudio con un grupo de jóvenes modelos. Una original forma de ofrecer, desde el objetivo de las cámaras, ese sentir fotográfico que nos introduce en el atractivo mundo de las emociones, sensaciones, insinuaciones, sugerencias, etc.

Al final y como broche de cierre, la aportación de Manuel Ortiz, que tras un arduo trabajo había rescatado para este evento un curioso documento clásico, los poemas dedicados a las noches de bodas del poeta romano del siglo I a.C., Cayo Valerio Cátulo.

Con este motivo, se puso a disposición de los asistentes, el Libro de Érator 2.014, en el se incluyen los poemas presentados, fotografías y definiciones significativas sobre el erotismo, aportadas por diferentes personalidades del mundo de las artes.

En este recital, entre otros invitados, intervino mí querida y admirada amiga, poeta, escritora y rapsoda, Dorka Cervantes, que continúa conservándose tan vital y jovial a sus 90 años. Éste fue su poema:

 

QUE NUNCA LLEGUE LA MAÑANA.
No cierres la ventana,
deja entrar el alba
para que sea testigo
del deseo hecho carne
entre sábanas blancas.

Nuestros cuerpos crepitan
como leños encendidos
en una carrera desenfrenada
de jadeos y pasión.

Soy un junco flexible
que doblas a tu antojo,
ondulando en el deseo
de un mar sin orillas.

No, que nunca llegue la mañana
con su ropaje cotidiano y nos confunda.

Desde aquí, quiero hacer llegar mi enhorabuena a la Institución Noches del Baratillo y agradecerles el buen rato que pasé  en esta velada literaria.

El encanto que suscita Brujas (Bélgica)

1[2]

Brujas, es una de las ciudades con encanto que tuve la oportunidad de visitar hace algunos años. Aferrándome a mis recuerdos, mentalmente inicio un recorrido por sus calles y plazas del casco antiguo.
La ciudad es llamada en flamenco Brugge, toma su nombre de los puentes que cruzan sus canales. Está situada al Noroeste de Bélgica. También es conocida como “La Venecia del Norte”. Brujas tiene un solo problema: es demasiado bonita. Es la ciudad medieval que mejor se conserva. Es como si el tiempo se hubiera detenido; ello hace que el foráneo quede impactado ante tanta belleza.

belfry_bruges[1]Sus callejuelas empedradas, estrechas, por las que se entrecruzan los idílicos canales y los más de cincuenta puentes que enlazan ambas orillas. Las barcas se deslizan silenciosas por la superficie de las verdes aguas, mientras los cisnes, habitantes originales de los canales, contemplan su ir y venir. Su trazado medieval, sus impresionantes iglesias, las casonas, plazas arboladas y sus cuidados parques y jardines, hacen que sea uno de los lugares más encantadores que he visitado. Se respira el resplandor de la Edad Media.

En realidad es una ciudad pequeña y tranquila. Cuenta con su mayor atractivo: el centro histórico, declarado en el año 2.000 Patrimonio de la Humanidad. Esta parte es peatonal, por lo que pude disfrutar de gratos paseos y de sus monumentos. Al recorrer estas calles evoqué épocas pasadas, unida al romanticismo que inspira su contemplación.

Como curiosidad. En el siglo XV esta ciudad acogió a los reyes, exiliados, Ricardo III y Eduardo IV de Inglaterra. Coincidió en esta época, a que William Caxton (1.415-1.492) mercader, diplomático y escritor inglés, imprimió el primer libro en inglés “Recuyell of the Historyes of Troye”.Canal[1]
Brujas alcanzó su apogeo en los siglos XIII y XIV cuando llegó a convertirse en importante centro comercial del Noroeste de Europa. Sin embargo, en el XVIII fue de paulatina decadencia y permaneció en el olvido hasta el siglo XIX. El escritor George Rodenbach en su novela “Brugge la Morte”, hizo resurgir el interés internacional por esta olvidada ciudad.

Un buen trazado turístico es comenzar el recorrido por Markt Plazt o Plaza Mayor. En el centro se alza el monumento a “La Batalla de las Espuelas de Oro”. Conserva aún su bdepmc4676[1]aspecto original, flanqueada por casas gremiales con hastiales escalonados (tejados a dos aguas) y sus fachadas de alegres colores. En la parte sur, se encuentra los antiguos mercados del siglo XIII, aún en funcionamiento. Es impresionante el campanario gótico del siglo XIII, llamado Belfort, que se alza majestuoso a 82 metros de altura y su famoso carrillón que consta de 47 campanas. No lo pensé dos veces: decidí subir los 366 escalones hasta llegar a su campanario. Agotada, pero contenta, pude contemplar una bellísima panorámica. Desde aquella altura imaginé que la ciudad era en miniatura, sus casitas parecían sacadas de un cuento de Andersen.
Al otro lado de la Plaza, están ubicados los cafés, chocolaterías, cervecerías, restaurantes y tiendas de souvenirs.

Otro de los edificios más notables, del siglo XIII, de estilo gótico flamenco es la Iglesia de santa-sangre[1]Notre Damme. La altura de su aguja principal es de 122 metros, la más alta de la ciudad. En su interior pude admirar obras de Van Eyck, El Bosco, van der Goes y la escultura de mármol blanco “La Madonna con el niño”, obra de Miguel Ángel.
Sin abandonar la Plaza, contemplé la Iglesia de San Salvador, siglo XIII, es una de las más antiguas de Bélgica, su construcción es de estilo gótico en ladrillo y el Hospital de San Juan, en su interior alberga cuadros de Memling.

Me sentía reconfortada pasear tranquilamente por sus calles, era como un gran museo al aire libre. De vez en cuando, cansada, buscaba algún lugar dónde sentarme. Cerraba los ojos, quería retener todo aquello que contemplaba, a la vez que, imaginaba que era invadida por una irresistible magia que me transportaba a la época floreciente de Brujas.

bdepmc4673[1]En uno de los siete embarcaderos existentes, inicié un paseo por los canales. Desde el agua aprecié una perspectiva diferente de la ciudad, cuyo centro es un laberinto de callejuelas, plazas y canales llenos de encanto. La frescura de la brisa me acompañaba a la vuelta de cada esquina. Las aguas tranquilas de los canales surcadas por las barcas, producía un suave chapoteo.

Otro lugar encantador es el Burg. Aquí observé el conjunto armonioso y arquitectónico que forma el Ayuntamiento, de estilo comúnmente llamado brujeense y al otro lado la Basílica de la Santa Sangre. Llamada así porque se custodia la reliquia que contiene unas gotas de la Sangre de Cristo, traída desde Jerusalem durante las Cruzadas. Detrás del Burg se halla el Canal Verde, Groenerei, uno de los más pintorescos.

Es interesante conocer el distrito de Sint Annakwartier (Barrio de Santa Ana).Un lugarbrujas-8[1] típico donde se puede encontrar escenas costumbristas: los habitantes visten con traje regional, y se puede comprar las labores de encajes. También visité Jeruzalemkerk, un templo que es copia fiel de la Iglesia del Santo sepulcro de Jerusalem.

Al atardecer, me resultó muy placentero recorrer en una calesa esta parte antigua. El aroma del café molido, de los finísimos chocolates y el olor a mantequilla derretida de los crépes invaden el ambiente de las calles. Es inevitable resistirse a tomar un chocolate caliente con nata y praliné, o refrescarse con una jarra de cerveza, existen 300 tipos y sabores.

Minewater y Beaterio Brujas[1]Otro lugar con encanto es el Minnewater, o más conocido por El Lago del Amor. Se halla al sur de la ciudad, cerca de Begijnhof. Es un bello y romántico paraje natural, a la vez que dramática es una de las leyendas que se cuenta. Dice: “ La joven Minna estaba enamorada de un pirata, su padre no aprobaba esta relación, por lo que la encerró en sus aposentos. Tras fugarse, se escondió en la zona del lago. Acabó muriéndose. Según la leyenda, su amado la encontró, separó las aguas y la enterró en el lago, suicidándose después”.

Llegando ya al final de este recorrido, no puedo olvidarme de las chocolaterías que 72[1]existen por toda la ciudad, son famosas. Son verdaderas boutiques de confeccióngodiva[1] del chocolate. Tuve la oportunidad de ver como hacían el chocolate de forma artesanal y la elaboración de los productos. Existen muchas, la más conocida “Godiva”, en la Plaza Mayor y Corné Port Royal.
No sólo he de recordar todo cuanto vi en este viaje – fantaseando un poco – me hubiera gustado hacer una carpeta para archivar los sabores y los olores, en mi “biblioteca” interior. Un placer para los sentidos.